Crítica: Savage House
por Veronica Orciari
- El segundo largo de Peter Glanz es una sátira feroz e hilarante sobre la codicia y el estatus social, con Richard E. Grant ofreciendo una imponente interpretación en un relato de excesos y ambición

Estrenada mundialmente en el SXSW Londres, Savage House es la descabellada creación del guionista y director estadounidense Peter Glanz, que llegará a los cines del Reino Unido a partir del 5 de junio de la mano de Paramount Pictures. En medio de la convulsión de la Inglaterra del siglo XVIII, con una virulenta epidemia de viruela y la rebelión jacobita, Sir Chauncey Savage (Richard E. Grant) y Lady Savage (Claire Foy) persiguen con obstinación la riqueza y el estatus. Ante la promesa de que recibirán la visita del duque y la duquesa de Devonshire, deciden gastar todo lo que tienen para presumir de su importancia. ¿Qué podría salir mal?
Savage House es un hilarante muestrario de las decisiones más repulsivas. La película funciona como sátira política, explorando el deseo insaciable de riqueza entre la élite, cuyos miembros buscan constantemente superarse unos a otros mediante actos de codicia cada vez más fútiles. A través de una opulenta dirección artística (a cargo de Gary Williamson) y de representaciones viscerales del exceso, Glanz traza una clara conexión entre la decadencia física y la moral, reforzando la corrupción que sugiere el propio apellido de los Savage. El montaje, a cargo del propio guionista y director, es posiblemente el elemento más llamativo de la obra. Si las decisiones de montaje no hubieran sido las adecuadas, el ritmo y la estructura de la película se habrían resentido claramente, pero, gracias a unos cortes perfectamente medidos, la sensación de ansiedad no deja de crecer a lo largo del metraje.
La película es un buen ejemplo de una historia bastante sencilla y, en cierto modo, incluso previsible en su trayectoria, pues sabemos que la avaricia de estos personajes difícilmente conducirá a algo bueno. Al mismo tiempo, los giros de guion funcionan de forma notable, manteniendo al público en vilo y logrando un equilibrio perfecto entre lo previsible y lo imprevisible.
Aunque todo el reparto ofrece interpretaciones excelentes, Richard E. Grant se adueña de la función. Sus manierismos, su forma de hablar y de moverse dotan al personaje de una energía magnífica. Resulta imponente en su encarnación del avaricioso y excéntrico Sir Chauncey Savage, despreciable y, a la vez, en cierto modo entrañable. Lo crucial es que, aunque no deberíamos ponernos del lado de los Savage, dado lo esencialmente malvados que son, no podemos evitar sentir simpatía e identificarnos con ellos. Al fin y al cabo, nuestra sociedad es extremadamente egoísta y entiende el lucro como la máxima aspiración posible, así que ¿cómo podemos permitirnos ser tan severos al juzgarlos?
En definitiva, Savage House es una película muy entretenida que funcionará tanto para públicos más comprometidos como para espectadores ocasionales. Sus potentes interpretaciones centrales, unidas a una notable atención al detalle, dan como resultado un conjunto redondo. Aunque sus temas nucleares no sean especialmente originales, la cinta encuentra la forma de mantener cautivo a su público mediante una narración eficaz y termina imponiéndose como una convincente fábula moral, demostrando que la codicia nunca es la respuesta.
Savage House es una producción de las británicas Record Player Films, Deluge Pictures y Moon7, en colaboración con Paramount Pictures, que también se encarga de sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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