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GOCRITIC! Anifilm Liberec 2026

Crítica: Animal Farm

por 

- La adaptación de Andy Serkis de la novela de George Orwell es más un vistoso pero hueco espectáculo de estrellas de primer nivel que un manifiesto coherente

Crítica: Animal Farm

(Esta crítica forma parte del taller GoCritic! celebrado en Anifilm; puedes leer el artículo completo aquí).

Antes de ponerse el año que viene tras las cámaras de The Lord of the Rings: The Hunt for Gollum, Andy Serkis ha hecho por fin realidad el proyecto de sus sueños: una adaptación cinematográfica de Rebelión en la granja, que acaba de proyectarse en Anifilm. La obra maestra de George Orwell, publicada en 1945, es una crítica inolvidable del totalitarismo. Bajo la apariencia de una fábula infantil, es en realidad un demoledor manifiesto político sobre la corrupción de los ideales y la deriva de la revolución hacia la dictadura. Sin embargo, la adaptación animada que Serkis presenta en 2025 —un proyecto gestado durante quince años y con un reparto de voces estelar encabezado por Seth Rogen, Glenn Close y Woody Harrelson— despoja a la obra de toda esa profundidad. El resultado es un espectáculo vacío y caótico que rebaja la historia a un producto de entretenimiento familiar al más puro estilo Disney.

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El primer acto de la película sigue de cerca el material original y muestra una revolución desencadenada por la quiebra de un granjero. Asistimos a la lucha por el poder entre el astuto verraco Napoleón y el íntegro líder Snowball. Una vez eliminado este último, Napoleón se hace con el control e instaura un régimen fascista. A través de los ojos de Lucky, un ingenuo lechón, contemplamos cómo la utopía prometida se derrumba bajo el peso de la corrupción sistémica. Lucky, condicionado para permanecer del lado de los suyos, apoya la dictadura hasta el momento en que su gran amigo, el caballo de tiro Boxer, es enviado a una muerte segura. El hundimiento de la granja no se debe únicamente a la tiranía de Napoleón, sino también a la presión externa de la Corporación Pilkington, cuyo objetivo es apoderarse de las tierras para construir centrales eléctricas.

Si la primera mitad de la película intenta mantenerse fiel al texto, la segunda deriva hacia una adaptación completamente libre, lastrada por una desconcertante incoherencia tonal. Por un lado, la película pretende evocar la oscura sombra de una dictadura; por otro, el Napoleón interpretado por Seth Rogen pasa buena parte del metraje buscando arrancar las risas del público infantil. Este brusco cambio de tono no solo desactiva el mordiente del relato de Orwell, sino que acaba convirtiéndolo en algo más cercano a Zootrópolis. Por si fuera poco, los responsables de la película parecen haber considerado insuficiente la riqueza del texto original y sobrecargan la historia con nuevos enemigos, tecnologías innecesarias y motivaciones redundantes. Aunque incorporar elementos modernos, como los drones, podría haber sido una forma interesante de actualizar el relato, bautizar el dron de Pilkington como “Moisés” introduce un simbolismo religioso que luego no encuentra continuidad ni en el reparto ni en otras decisiones de producción, dando lugar a un conjunto lleno de incoherencias.

Serkis, pionero de la captura de movimiento gracias a personajes tan icónicos como César en El planeta de los simios y Gollum en El Señor de los Anillos, ofrece una animación técnicamente impecable. El diseño de los personajes, el suave tono rosado de la piel de Lucky y la atmósfera cada vez más sombría de la granja están realizados con un nivel sobresaliente. Sin embargo, ese virtuosismo visual no basta para salvar la película. Cuanto más impresionante resulta la animación, más superficial parece el relato que la sostiene. Lo más imperdonable, no obstante, es el desenlace. El inquietante final ideado por Orwell, en el que “cerdos y humanos se vuelven indistinguibles”, se sustituye por un momento heroico y triunfal protagonizado por Lucky. Esta decisión priva a la historia de toda su fuerza como advertencia. En su afán por no incomodar al público infantil y familiar, la película desecha las alegorías de Trotski y Stalin para sustituirlas por una moraleja simplista del tipo “hay que decir no a los malos líderes”. El verdadero propósito de Serkis como director sigue siendo una incógnita: la película da la impresión de ser un producto corporativo escondido tras un reparto de estrellas, concebido para maximizar la taquilla bajo la apariencia de una película infantil.

El resultado final es una obra confusa que, pese a su animación de primer nivel y a su elenco de voces de lujo, carece de un propósito claro. Por tanto, si de verdad quieres rendir homenaje al legado de Orwell, lo mejor es pasar de largo y volver al libro.

Animal Farm es una producción de Imaginarium Productions (Reino Unido), Aniventure (Reino Unido), Cinesite (Reino Unido/Canadá) y 6th & Idaho Productions (Estados Unidos). Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Goodfellas.

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