Crítica: I Spy with My Little Eye
por Veronica Orciari
- La profundamente íntima película de Alisa Kolosova sigue a un grupo de amigos que afronta un suicidio y explora la sanación a través de la aceptación y la conexión

Estrenada mundialmente en la competición International Narrative del Festival de Tribeca, I Spy with My Little Eye, dirigida por Alisa Kolosova, se centra en la historia de Yalda (Soma Pysall), Solveigh (Saskia Rosendahl) y Lou (Svenja Jung), amigas íntimas desde la infancia. Tras el repentino suicidio de Solveigh, las otras dos se preguntan qué salió mal y quién debería hacerse cargo de su hija de cinco años. Mientras ordenan su apartamento, reviven recuerdos compartidos y poco a poco redescubren su vínculo.
Escrita por Judith Rose Gyabaah a partir de varias cartas que pertenecieron a su madre, I Spy with My Little Eye es una película profundamente íntima que se centra en gran medida en escenas sencillas y poderosos primeros planos de los personajes, no necesariamente en un sentido estrictamente técnico, sino psicológico. La cámara se detiene en los rostros y las emociones, atrayendo al público hacia los mundos interiores de los personajes.
Evelyn Rack y Billie Mind firman un montaje sumamente interesante que reúne distintos periodos temporales, mezclando la infancia de las protagonistas con las secuelas del suicidio. Esta elección es bastante habitual en películas que abordan temas similares, pero lo ingenioso aquí es que las escenas del pasado no se añaden sin más a la historia actual ni siguen un orden cronológico. Por el contrario, cada decisión cobra sentido en momentos específicos del metraje, construyendo una lógica narrativa interna que facilita el seguimiento de la historia.
No obstante, por momentos da la impresión de que la película se habría beneficiado de una mayor determinación en cuanto al ritmo. En ciertos pasajes, la tensión aumenta, pero desciende rápidamente en la siguiente secuencia. En conjunto, se trata de un enfoque interesante, pero en algunas escenas falta coherencia en la manera en que se transmite la historia al público, lo que conlleva el riesgo de que algunos espectadores pierdan interés por las emociones y motivaciones de los personajes. Sin embargo, el tono de la película resulta bastante original, ya que ese cambio de foco la diferencia del típico relato sobre el suicidio.
De hecho, I Spy with My Little Eye se niega a emitir un juicio tajante sobre la persona que decide poner fin a su vida. En su lugar, regresa a recuerdos compartidos de amor y conexión, capturando cómo quienes se quedan atrás escudriñan desesperadamente el pasado en busca de señales, pistas o explicaciones. Pero, al hacerlo, esos recuerdos inevitablemente se transforman, ensombrecidos por la necesidad de encontrar un motivo a lo ocurrido desde la perspectiva de quienes sobreviven. Las dolorosas preguntas que surgen tras perder a un ser querido por suicidio, como “¿Por qué lo hizo?”, “¿No me quería lo suficiente como para quedarse?” o “¿Podría haber hecho algo para evitarlo?”, pueden llegar a dominar el proceso de duelo. Estas inquietudes resultarán familiares para muchos y resonarán incluso más allá de circunstancias tan extremas, al conectar con experiencias más amplias de pérdida.
En última instancia, la película sugiere que buscar razones puede ser el enfoque equivocado. En lugar de quedar atrapadas en el pasado, propone una vía distinta para transitar el duelo, arraigada en la aceptación y en la posibilidad de un futuro mejor, especialmente a través de la relación de las dos mujeres con la hija de Solveigh. Su mensaje de fondo es que la sanación no llega de revisitar una y otra vez lo que no puede cambiarse, sino de encontrar la fuerza para seguir adelante.
I Spy with My Little Eye es una producción de las alemanas Maverick Film, BR Bayerischer Rundfunk y WDR Westdeutscher Rundfunk. Epsilon Film gestiona sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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