Crítica: 3 Days in September
por Mariana Hristova
- El nuevo largometraje del rumano Tudor Giurgiu es una trepidante crónica, rodada en un único plano secuencia, de un desastre emocional a raíz de una revelación impactante

No muchas películas contemporáneas logran mantener la atención de principio a fin. Sin embargo, 3 Days in September, de Tudor Giurgiu, que acaba de inaugurar la 25.ª edición del Festival de Transilvania después de haber tenido su estreno mundial en el IFFR, nos cautiva desde el primer momento, dirigiendo nuestra mirada hacia una cascada de acontecimientos en apariencia insignificantes y sosteniendo un implacable impulso narrativo hasta el último plano. La solidez del guion nace de su adhesión a la regla clásica de la unidad de lugar, trasladada al estilo minimalista de la Nueva Ola rumana. En este caso, un pequeño microcosmos íntimo consigue abarcar una situación humana de resonancia universal y, al mismo tiempo, ofrece una crítica oportuna sobre la sociedad rumana contemporánea.
La escena inicial, con Bianca (Andreea Vasile) y Victor (Emilian Oprea) paseando despreocupados de la mano por el muelle, como salidos de un anuncio, haciendo planes para su futuro en vísperas de la boda del día siguiente, es irónicamente tan empalagosa que ya anuncia la calma que precede a la tormenta. En la secuencia inmediatamente posterior, la cámara se sumerge en la acción mediante un único plano secuencia y acompasa su ritmo al del pulso cada vez más acelerado de la protagonista, hasta que estalla una revelación que hace saltar por los aires cualquier esperanza de una inminente tranquilidad burguesa.
Mientras Bianca se prepara para el gran día, rodeada de sus amigas, como manda el cliché, una joven furiosa en pantalones cortos irrumpe en el hotel y le lanza a la cara ocho tests de embarazo positivos, asegurando que el bebé es de Victor. Los detalles que afloran sobre su relación son tan precisos, tan brutalmente exactos, que nada puede impedir que Bianca haga saltar por los aires el orden pequeñoburgués de la ocasión y todo su proyecto de vida de un solo golpe. Furiosa y desesperada por la traición, pero aún más por los intentos de todos a su alrededor de convencerla de que no ha pasado nada serio, se sube al tren turístico del complejo, que la lleva a conocer una serie de lugares y personas absurdos. Como una Alicia en el país de las maravillas perdida y asustada, con el maquillaje corrido, nuestra heroína deambula de forma tragicómica por el laberinto del parque de atracciones en que parece convertirse el propio complejo y, a través de su carácter ilusorio y su brillo artificial, este va tomando forma poco a poco como metáfora de los valores que apuntalan los frágiles cimientos de la clase acomodada emergente de Rumanía, a la que Bianca parece pertenecer y cuyas virtudes vacías ha abrazado como una “buena chica”.
Por lo general, Andreea Vasile domina un impresionante abanico emocional, que va de la histeria a la apatía, y trabaja en un registro deliberadamente exagerado que oscila entre lo melodramático y lo abiertamente artificioso, mientras que Emilian Oprea resulta suficientemente convincente como el unidimensional Victor, que funciona más como arquetipo del novio gilipollas que como un personaje plenamente desarrollado. El logro más elegante de la película reside en su negativa a colgarse etiquetas feministas o a denunciar explícitamente la masculinidad tóxica. En su lugar, recuerda de forma discreta verdades sencillas sobre la dinámica entre hombres y mujeres, el coste de una madurez tardía y el inevitable abandono de los propios sueños, todo ello moviéndose con naturalidad entre la comedia y el drama.
3 Days in September es una producción de la rumana Point Film. Sus ventas internacionales corren a cargo de Transilvania Film.
(Traducción del inglés)
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