Crítica: Dante
por Alfonso Rivera
- Hugo Ruiz se reafirma en su estilo abrasivo e impactante, con otro descenso a los infiernos y una sorpresa final que resignifica el relato anterior

Un puñetazo directo al estómago. Una sucesión de momentazos sin censura, en los que no falta la sangre, la violencia y la demostración detallada de hasta dónde puede llegar el género humano en su vertiente más salvaje. Eso era Una noche con Adela y en esa misma línea valiente, brutal y agresiva continúa Dante, segundo largometraje escrito y dirigido por el cineasta aragonés Hugo Ruiz que se ha estrenado mundialmente en el Festival de Tribeca, donde ya recibió hace dos años el premio Best New Narrative Director con su ópera prima.
Dante, aunque no es un (falso) plano secuencia como aquel debut, también transcurre durante unas pocas horas y sin que veamos brillar el sol. Si a la sombra de la luna todos los gatos son pardos, los humanos sacan sus garras, dejan caer sus caretas y afilan sus dientes. En ese ambiente turbio, sucio, cargado y viscoso se mueve la trama de Dante, que empieza con un accidente de tráfico y termina con una sorpresa que da sentido a un vía crucis que nos había hecho dudar por momentos de su coherencia.
Que esta cinta haya sido programada en la sección Escape from Tribeca del certamen neoyorquino, dedicada a propuestas de género y experiencias cinematográficas de alto impacto, tiene todo el sentido. Pues esto no es un espectáculo para todas las pupilas, que se abstengan las más sensibles, porque aquí no hay ni un solo santo, ya lo advierte su protagonista hacia el final.
Este es Eduardo (interpretado por el actor argentino Chino Darín), un afable técnico de emergencias sanitarias que conduce una ambulancia en el turno de noche y que acude a una llamada de ayuda. Un hombre (Kike Arce), perteneciente a los bajos fondos de la ciudad, se encuentra gravemente herido. Al llegar a su domicilio, el tipo está en las últimas, pero antes de morir dejará a Eduardo en una situación en la que, con cada segundo que pasa, resulta más difícil que él mismo termine la noche con vida, sobre todo cuando aporrean la puerta Santo (apelativo altamente irónico para un entregado Vicente Romero) y Mak (Ester Expósito). Lo que sigue no invita a conciliar el sueño precisamente.
Con sobrada y orgullosa herencia del cine de Quentin Tarantino, del de Guy Ritchie, y con fogonazos que recuerdan a ¡Jo, qué noche! y Al límite de Martin Scorsese fusionadas en una sola, Dante –con fotografía sudada por gentileza de Teo Delgado y guiños finales tanto a la propia Una noche con Adela como al clásico inglés de 1960 El fotógrafo del pánico– lleva a empujones al espectador a zonas incómodas, a ambientes sórdidos y a situaciones en las que apetece apartar la vista, pero no se pueden dejar de mirar.
Dante es una producción de Gilda Productions y El Sueño Eterno Pictures, en coproducción con Sissi Films y Jarana Films. De sus ventas internacionales se ocupa Film Factory Entertainment.
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