Crítica: The Siege of Paradise
por Olivia Popp
- El segundo documental de Gar O’Rourke examina el ecosistema, cada vez más saturado, formado por turistas y lugareños atribulados en la región italiana noroccidental de Cinque Terre

De los cuatro millones de turistas que visitan los cinco pequeños pueblos que conforman Cinque Terre, la mayoría prefiere hacerse fotos con las icónicas casas encaramadas a los acantilados de fondo. Sin embargo, los aproximadamente 3.000 habitantes de la zona sostienen lo contrario: que, para comprender realmente la región, hay que dar la espalda al mar y mirar hacia el interior. En esta anécdota se condensa el conflicto que aborda el cineasta irlandés Gar O’Rourke (autor de Sanatorium, candidata irlandesa a los Óscar de 2026) en su nuevo documental, The Siege of Paradise.
La película avanza a través de una serie de viñetas entrelazadas en esta región del noroeste de Italia: el viticultor de Vernazza Bartalo Lerici y su esposa enferma, Lise Bertram; un restaurador de Corniglia y su hija (Carmelo y Giorgia Verduci); la alcaldesa de Riomaggiore, Fabrizia Pecunia; y los desplazamientos de dos influencers afincadas en Chicago (Grace Andrews e Izabel Stewart). Sin embargo, pese a su sugerente título, The Siege of Paradise, que acaba de estrenarse en la competición documental del Festival de Tribeca, resulta sorprendentemente moderada en su crítica a la industria turística.
A pesar de la música ligeramente ominosa que acompaña la primera aparición de los cruceros, como si transportaran una legión de soldados dispuestos a desembarcar en la zona, O’Rourke dibuja un retrato equilibrado de la convivencia dentro de este ecosistema saturado. Grace e Izabel, aunque a menudo resultan cómicamente inconscientes de la realidad que las rodea, son presentadas como personas sinceramente bienintencionadas en sus intentos por experimentar la “cultura italiana”, aunque esta se reduzca a cubos de plástico llenos de Aperol Spritz. Por su parte, Bartalo y Carmelo aceptan a regañadientes que necesitan a los turistas para que sus negocios prosperen y, en ocasiones, disfrutan compartiendo sus conocimientos con ellos. Quizá la situación más tensa sea la de Fabrizia, frustrada por la imposibilidad legal de limitar el flujo de visitantes, tal y como reclaman muchos residentes.
En una región rebosante de colores pictóricos, desde las aguas hasta los edificios escalonados de las colinas, el director de fotografía Lukas Gut (que acaba de recibir una mención especial del jurado por su trabajo) los muestra con toda su intensidad, combinando la cálida belleza del lugar con una sutil sensación de inquietud sobrerrealzada. Gracias a este equilibrio tonal, O’Rourke permite que las imágenes de las transacciones comerciales y de las playas abarrotadas hablen por sí mismas, en lugar de insistir en un mensaje militante concreto. No da la sensación de tratarse de un relato amenazador en ningún momento; no hay ningún subtexto que diga “no vengáis aquí”. Todo apunta a que el director sugiere que los turistas no son el problema en sí mismos. El verdadero problema es su número, que no deja de aumentar.
Como si quisiera adormecernos con una falsa sensación de seguridad, la película solo hace sonar realmente las alarmas en sus escenas finales. Las imágenes nocturnas de estaciones de tren y plazas urbanas abarrotadas resultan más inquietantes que acogedoras, de modo que dejan al espectador reflexionando sobre estas estampas sombrías mientras aparecen los títulos de crédito. En un momento en que este mismo problema afecta a tantos lugares del mundo, The Siege of Paradise no adopta un enfoque puramente didáctico; corresponde al espectador ser lo bastante crítico como para leer entre líneas.
The Siege of Paradise es una producción de la irlandesa Venom Film y la suiza Dynamic Frame Production, y las ventas internacionales de la película corren a cargo de MetFilm Sales.
(Traducción del inglés)
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