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TRANSILVANIA 2026

Crítica: Lionel

por 

- El debutante español Carlos Saiz reúne a una familia disfuncional en una road movie sin rumbo muy definido y recupera una memoria sentimental con la ayuda de una banda sonora personalizada

Crítica: Lionel
Lionel Corral y Lionel Corral Bernal en Lionel

Desde un punto de vista sociológico, el protagonista de la película que lleva su nombre, Lionel, angustiado ante la inminente pérdida de la pensión de orfandad tras la muerte de su madre, falto de ideas sobre qué hacer con su vida y ansioso ante un futuro incierto, es un “nini”: un joven perdido en la existencia que ni estudia ni trabaja. Pero, con una mirada curiosa y libre de prejuicios, el director Carlos Saiz lo rescata de la estadística y lo sitúa en el centro de un viaje emocional sin una resolución definitiva, pero terapéutico, transformador y revelador, en el que el reencuentro con su padre también llamado Lionel, del que lleva años distanciado, pasa de ser un suplicio a convertirse en una experiencia de recuperación de la memoria compartida y de los vínculos afectivos. Los personajes de Lionel son completamente reales, aunque la película no sea del todo documental, y todo comenzó en Cluj-Napoca hace una década, donde Saiz conoció a Lionel hijo, mientras que ahora la película se proyecta precisamente allí, en la competición del Festival de Transilvania.

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Lionel padre también es un nini, aunque de edad avanzada; fuma porros, tiene arrebatos de rabia y no siempre resulta fácil entenderse con él. Su hijo siente una mezcla de rencor, pena y vergüenza hacia él, pero, en medio de ese rechazo y a pesar de que llevan años sin contacto cercano, se sube al coche para viajar juntos desde Murcia hasta Marsella para el cumple de su hermana Alicia, donde ella trabaja como profesora de español. Y del mismo modo que al comienzo el padre aparece apático y huraño, y Lionel receloso y distante, el primero acaba entusiasmándose al mostrar a sus hijos ya crecidos los lugares donde veraneaban antes del divorcio con la madre fallecida, cuando todavía eran una familia, mientras que los dos hermanos llegan a comunicarse con una sinceridad inédita hasta entonces. No les ocurre nada extraordinario, y sin embargo, suceden muchas cosas al mismo tiempo. Más importante que la propia trama es el mundo interior del joven Lionel, que avanza ante nuestros ojos entre flujos y reflujos emocionales. Al ritmo de canciones, unas populares y otras no tanto, en sintonía con sus estados de ánimo, llegamos a comprenderlo mejor, incluso más allá de lo verbalmente expresado.

Una historia profundamente personal y sin grandes artificios narrativos que, sobre el papel, parece prometer algo visto innumerables veces —el choque entre generaciones y modelos de masculinidad, la reconstrucción de la relación entre un padre y un hijo— acaba resultando ligera y absorbente. No solo gracias al carisma de sus protagonistas, a quienes se concede suficiente libertad para ser ellos mismos, sino también por el trabajo de un director que teje una delicada textura cinematográfica a partir de miradas, encuadres íntimos, gestos incómodos y una banda sonora omnipresente. Con ello consigue retratar con honestidad no solo esta relación familiar, sino también una realidad española que rara vez vemos en pantalla: áspera, estancada y melancólica, incluso bajo la luz del sol.

Lionel ha sido producida por las españolas Bluconic Films AIE, Blur Media e Icónica Films y la francesa Promenades Films.

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