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BISKEK 2026

Crítica: Black Trumpet

por 

- La ópera prima de Bojan Stijović es un drama de corte clásico pero de factura sólida sobre el regreso, la culpa, los lazos familiares y noches de borrachera que se van de las manos

Crítica: Black Trumpet
Momčilo Otašević (izquierda) y Marko Janketic en Black Trumpet

Hay algo a la vez familiar y agradablemente específico en Black Trumpet, la ópera prima del realizador montenegrino Bojan Stijović. Sobre el papel, la película se articula en torno a tópicos dramáticos bastante reconocibles: el regreso del hijo pródigo, la pequeña comunidad que acoge y juzga al mismo tiempo, la ambigua autoridad de la vida familiar y del pueblo, y un accidente que amenaza con poner patas arriba toda una vida. Aun así, Stijović y el guionista Stefan Bošković logran dar a estos ingredientes un toque montenegrino muy particular (con abundante rakia). El resultado es modesto y clásico, pero a menudo eficaz. La cinta se proyectó este año en la competición internacional del Festival de Biskek.

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Tras diez años en Zagreb, el célebre escritor Maksim Grahovac (Momčilo Otašević) regresa a su localidad natal, en Montenegro, para resolver un asunto de herencia y volver a conectar, o al menos lidiar, con su hermano Niko (Marko Janketic), de quien está distanciado. Antes incluso de volver a integrarse de pleno en el pueblo y su red de expectativas, Maksim mata accidentalmente a un hombre en la carretera. Presa del pánico, recurre a Niko en busca de ayuda. Mientras tanto, su regreso genera expectación en la comunidad local, donde se le trata como a una figura literaria de éxito e incluso atrae la atención del ministro de Cultura (el citado Bošković). Niko, sin embargo, accede a ayudarle solo a cambio de una parte de la herencia.

La premisa es directa, casi brutalmente sencilla, y Black Trumpet funciona mejor cuando deja que esta catástrofe repentina colisione con resentimientos largamente reprimidos. La relación central entre Maksim y Niko tiene un desarrollo convincente: la suya no es solo una unión fraternal dañada por la distancia, sino también un espejo en el que ninguno parece capaz ya de reconocer al otro, o quizá a sí mismo. El tiempo que han pasado separados lo ha complicado todo. El hogar sigue siendo el hogar, pero ya no es un lugar al que Maksim pueda volver simplemente para retomar un antiguo rol.

Dicho esto, aún había margen para enriquecer la geometría emocional. La esposa de Niko, Jelena (Milica Janevski), y su hijo Petar (Strahinja Bubanja) están presentes, pero no lo suficiente como para convertir del todo el núcleo familiar en una auténtica olla a presión. Una presencia más fuerte de estos personajes a lo largo del metraje podría haber añadido una capa extra al drama y haber hecho que las decisiones de Niko estuvieran aún más cargadas de implicaciones morales y domésticas. Aun así, el trabajo con los personajes siempre es sólido, y sus diálogos afilados y realistas contribuyen a que incluso los giros más previsibles resulten reconociblemente humanos.

En lo visual, Black Trumpet exhibe la confianza de un sólido debut independiente. No hay adornos, ni estilización excesiva, ni intento de inflar el material más allá de su escala natural. Aun así, la fotografía prístina de Dušan Grubin dota a la película de una textura limpia y satisfactoria. Nos sumergimos en un pueblo montenegrino bañado por el sol antes de que la historia se deje arrastrar por la confusión y la intensidad de una noche de excesos alcohólicos, en la que todo empieza a suceder demasiado deprisa. Esa velocidad forma parte de la propuesta: la experiencia desborda a Maksim y, por momentos, también al público, no de una forma frustrante, sino de un modo que reproduce el pánico de una vida cuyo rumbo cambia de forma abrupta.

En última instancia, Black Trumpet no reinventa el drama moral del retorno, la culpa y el juicio comunitario. Su estructura es clásica, sus ingredientes bastante reconocibles y algunos elementos narrativos podrían haberse llevado más lejos. Aun así, hay suficiente oficio, atmósfera e instinto dramático para convertir el debut de Stijović en una propuesta prometedora. Los ingredientes están ahí, y cabe sospechar que podrían evolucionar hacia algo más afilado y personal en un segundo largometraje.

Black Trumpet es una producción de la montenegrina Cut-Up doo.

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(Traducción del inglés)

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