email print share on Facebook share on Twitter share on LinkedIn share on reddit pin on Pinterest

ANNECY 2026

Crítica: Blaise

por 

- Dimitri Planchon y Jean-Paul Guigue firman un primer largometraje cuyo encanto singular bebe con humor de un realismo ligeramente desfasado, creando un pequeño vodevil a base de malentendidos

Crítica: Blaise

“¿Por qué centrarse en la opinión de los demás?”. Esta pregunta, formulada por una orientadora escolar a la que el padre del protagonista adolescente de Blaise, de Dimitri Planchon y Jean-Paul Guigue (presentada en la selección ACID de Cannes y esta semana en la sección Contrechamp del 45.º Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy), tiende a confundir con su psicóloga personal, impregna, con una estimulante mezcla de seriedad y una tierna ironía cargada de sarcasmo, un primer largometraje de tono muy singular. Se trata de una originalidad cuidadosamente elaborada a lo largo del tiempo, ya que hunde sus raíces en la trilogía de cómics homónima de Planchon y en una serie de animación (30 episodios de 30 minutos) realizada para Arte.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

La angustia ante el juicio de los demás, con sus inevitables consecuencias en forma de malentendidos, mentiras e innumerables complicaciones —muy divertidas—, es el gran problema de Blaise (un chico de 16 años que, por encima de todo, quiere pasar desapercibido) y de sus padres, Carole (cuyo objetivo es caer bien al pequeño equipo de su nuevo trabajo, al que llega precedida por una mala reputación) y Jacques (que descubre de repente, en pleno golpe a su narcisismo, que la mejor amiga de su mujer lo ha considerado un idiota durante casi 30 años). Lo mismo le ocurre a Joséphine, la hija única del dueño de la empresa Durieux-Valois (donde trabaja Carole), que se enamora de Blaise al confundir su mutismo con misterio y profundidad. Esos sentimientos asustan un poco al adolescente —aunque, por supuesto, también lo atraen, ya que esa dinámica inconsciente de miedo y atracción se desarrolla en todos los niveles de la película—, lo cual lo lleva a fingir que procede de una familia obrera. A su vez, Joséphine decide ocultarle que pertenece a la alta burguesía. Esos juegos de escondite con uno mismo (“No me he lanzado sobre ti, me he resbalado en la alfombra”) hacen que todos los personajes avancen de forma algo torpe y descompasada. Sin embargo, todos evolucionan, incluso a pesar de sí mismos, en un clima social general marcado por la tensión, al que acaba sumándose la violencia revolucionaria…

Al igual que su técnica de animación con recortes de papel, que deforma ligeramente los rasgos de los personajes, Blaise juega de maravilla con un sutil desplazamiento de una realidad retratada con enorme precisión (las relaciones entre padres e hijos adolescentes, la torpeza de los primeros pasos amorosos, la soledad contemporánea, la necesidad de reconocimiento, la radicalización del clima político, etc.). El dúo de directores (con el apoyo de la coguionista Clémence Lebatteux) sabe modular perfectamente el tono tan particular de la obra, coqueteando con los pequeños absurdos de la existencia y de las convenciones sociales, los diálogos de besugos y los equívocos. Todo ello se cubre con un camuflaje humorístico siempre tierno, pero no por ello menos mordaz (que incluye, entre otras cosas, una larga e interesante cita de Engels), que convierte Blaise en una película inteligente y mucho menos inocente —en el mejor sentido de la palabra— de lo que su agradable apariencia lúdica y desenfadada podría hacer pensar.

Blaise ha sido producida por KG Productions, y las ventas internacionales de la película corren a cargo de Best Friend Forever.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

(Traducción del francés)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Privacy Policy