Crítica: Lo spirito delle stagioni
por Camillo De Marco
- El documental de Alessandro Cattaneo retrata el paso del tiempo explorando rituales sociales, religiosos y laborales en Italia y privilegiando la observación pura frente a la crítica social

Las estaciones son el resultado de un asunto cósmico, de la inclinación de un planeta en el espacio y de la forma en que la luz del sol incide en la Tierra y, aun así, la magia recurrente de su paso nos sorprende cada vez y ha inspirado a legiones de poetas a lo largo de los siglos. Alessandro Cattaneo ha dividido su película, Lo spirito delle stagioni, en cuatro capítulos, cuyos títulos adjudican adjetivos a las estaciones con cualidades poéticas y metafóricas que trascienden las definiciones más tradicionales: el otoño se asocia con el dinamismo del "vaivén", el invierno es, sin concesiones, "dominante", la primavera es "argéntea", mientras que el verano es "excelso". Tras alzarse en abril con una mención especial del jurado del Modena Film Festival, que destacó su "capacidad para convertir la experiencia más ordinaria en materia de reflexión poética", la película competirá en el Ischia Film Festival (del 27 de junio al 4 de julio).
En gran medida un documental de observación, rodado durante 14 meses en siete regiones distintas de Italia, Lo spirito delle stagioni se presenta como si hojeáramos un álbum de imágenes en movimiento cuyas leyendas vienen dictadas por las sensaciones que despierta en el propio público. La voz de Anna Gallarati nos introduce brevemente en la película con la pregunta "¿somos nosotros las estaciones o son ellas nosotros?". Nos invita a ver el mundo desde un punto de vista astral antes de ceder definitivamente el paso a las imágenes y a la música original, clara y diáfana, de Vittorio De Vecchi. La bruma otoñal se arremolina en colinas y valles donde se podan los viñedos, mientras que en las playas, con sus sombrillas cerradas, se reparan los cobertizos de las barcas. En invierno, Cattaneo, a cargo de la fotografía y del sonido directo, nos muestra el contrapunto entre la ciudad y las diversas comunidades diseminadas por el territorio. En Milán, preparar las fiestas navideñas significa compras frenéticas en el centro, mientras que, a una hora en coche, en Piamonte, la gente se reta a zambullirse en las gélidas aguas del lago Mergozzo y, en lo alto de los Alpes suizos, en el collado de Jungfraujoch, unos científicos estudian el clima en total aislamiento en el observatorio astronómico más alto de Europa, el Sphinx.
En primavera, un montaje dinámico y firme a cargo de Giovanna Ferrari y Walter Marocchi revela los campos anegados para los arrozales en la Lomellina, el desfile del Día del Trabajo en Milán el 1 de mayo, las botaduras en el mar de Liguria y las celebraciones de fin de curso. El director hace una excepción en verano, dejando a un lado la observación objetiva para "entrevistar" a una pareja ya no tan joven, que describe esta estación como un momento de libertad, "cuando sales a pasear, te encuentras con gente en la plaza del pueblo, haces amistades".
La película es una instantánea temporal de un país anclado en rituales sociales, religiosos y laborales marcados por las estaciones: ir al cementerio el 2 de noviembre, visitar los parques de la ciudad en primavera, hacer salsa de tomate en Calabria en verano y vendimiar en el campo del Oltrepò Pavese. Fragmentos a veces brevísimos; destellos que capturan el vínculo entre las personas y el entorno. En estas referencias a un mundo rural en vías de desaparición, a una artesanía que ya no es más que símbolo del pasado y a una modernidad urbana que está rediseñando el uso de los espacios públicos, no hay una exploración explícita de las cuestiones sociales. En su lugar, el objetivo del director mantiene la distancia y deja en manos del público unir los puntos y captar la complejidad de las dinámicas en juego.
Lo spirito delle stagioni es una producción de Zivago Film junto a Twin Studio, Lateral Film y Agio Film.
(Traducción del italiano)
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