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ANNECY 2026

Crítica: La violinista

por 

- Ervin Han y Raúl García firman una película de gran amplitud temporal, que entrelaza un relato íntimo con la historia de la guerra, con la llama de la música como hilo conductor

Crítica: La violinista

“Los sueños son el combustible de la juventud. No sé si llegan realmente a cumplirse, pero quizá baste con recordar cómo empezaron”. Una pregunta formulada en 1982 por un persistente periodista español a una leyenda del violín nacida en Singapur desencadena una fascinante inmersión en el pasado: “¿Por qué ha tocado siempre el mismo violín durante 40 años cuando podría haber tenido los mejores Stradivarius o los mejores Guarneri?”. Las puertas de un poderoso recuerdo secreto se abren gracias a una vieja fotografía encontrada por el melómano reportero: el retrato en blanco y negro de una niña y un niño con sus violines. Este es precisamente el punto de partida de la seductora La violinista, del director singapurense Ervin Han y el director español Raúl García (Extraordinary Tales), presentada en la competición oficial del 45.º Festival Internacional de Cine de Animación de Annecy.

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“Las historias y la música son todo lo que tenemos”. En 1932, en Singapur, por entonces parte de la Malasia británica, la joven Fei prepara su primer recital cuando Kai, un huérfano al cuidado de la sirvienta de la familia, entra en su vida. El niño, dotado de un oído musical excepcional, aprende a tocar el violín por su cuenta, con la bendición de la profesora de Fei, y en apenas unos meses se revela, para sorpresa de todos, como un auténtico prodigio del instrumento. Fei y Kai, que no tardan en convertirse en inseparables, ofrecen cada vez más pequeños conciertos a dúo durante los años siguientes. Sin embargo, en 1937 estalla la segunda guerra sino-japonesa, que se acerca de forma cada vez más amenazante a Malasia hasta desembocar en los dramáticos bombardeos de julio de 1941, preludio de la ocupación japonesa de Singapur (“No había luz, solo oscuridad, sin esperanza, sin música”). Kai se une entonces a la resistencia y pasa a la clandestinidad. ¿Lograrán ambos amigos sobrevivir a la guerra? ¿Llegarán algún día a interpretar la Sonata del sol poniente en Re mayor que Kai empezó a componer para sus dos violines? ¿Hasta qué punto puede la música consolar a las almas atormentadas o, mejor aún, convertirse en una guía, en una llama serena capaz de iluminar el futuro?

Al entrelazar con gran habilidad la dimensión individual y la gran historia, el guion escrito por Ervin Han y Jordan K. See construye un amplio fresco narrativo que toma elementos de varios géneros (un núcleo sentimental, cine bélico —con espionaje, atentados de la resistencia, encuentros con submarinos y la amenaza del Kempeitai, la Gestapo japonesa— e incluso una investigación en la posguerra). Todo ello a lo largo de medio siglo, desde la ciudad hasta la selva, pasando por las salas de conciertos, con la música como hilo conductor que da voz a todas las emociones de los personajes. Todo ello conforma una virtuosa construcción en forma de flashback, que alterna puntos de vista y va dosificando las pistas que conducen a una excelente película, magníficamente acompañada por la música de Ricky Ho e Isabel Latorre, que reivindica el valor de la animación dibujada a mano y que, al igual que el violín (“el instrumento más cercano a la voz humana”), arraiga profundamente el poder de la esperanza y la capacidad de resistencia de los sueños y del arte en un mundo desgarrado por los conflictos.

La violinista ha sido producida por Robot Playground Media (Singapur) con TV On Producciones (España) y Altri Occhi (Italia). France tv distribution gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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