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ANNECY 2026

Crítica: Julián

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- El largometraje de animación de Louise Bagnall es una colorida y alegre oda a la aceptación de las propias raíces y aspiraciones, narrada a través de la historia de un valiente niño

Crítica: Julián

Estrenada mundialmente en Annecy, Julián, de Louise Bagnall, es una oda triunfal a la diversidad, vista a través de los ojos de un niño, Julián (con la voz de Knyght Darius Jack), que pasa el verano en Brooklyn con su abuela (Milcania Diaz-Rojas) y descubre nuevas facetas de sí mismo. Atraído por el mar gracias a sus orígenes afrocaribeños, decide convertirse en sirena pese a la incredulidad de quienes le rodean.

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Basada en el breve álbum ilustrado Julián es una sirena, de Jessica Love, la historia está adaptada a la pantalla por la guionista Juliany Taveras. La forma en que Julián y su abuela hablan entre sí resulta extremadamente realista y no da la sensación de estar "forzada" para ajustarse a un lenguaje infantil; suena natural y fluye con facilidad. La película está repleta de expresiones en español, lo que refuerza un sólido sentido de pertenencia y herencia. De hecho, esta identidad se construye no solo a través del idioma, sino también mediante la banda sonora, las referencias a la comida (incluso trasladadas a los detalles de las recetas) y los breves relatos que la abuela le cuenta a su nieto. Esto se ejemplifica especialmente en la figura de Yemayá, una diosa del mar por la que el niño queda hipnotizado, arraigada en las creencias de la santería, un sincretismo entre las deidades yoruba y el catolicismo.

Desde el punto de vista técnico, los elementos visuales de Julián también contribuyen a esa sensación acogedora y hogareña. Gracias a un toque artesanal, cada escena está repleta de luz y color, ofreciendo un festín para la vista que solo la animación puede brindar. Los fondos están realizados sobre papel con lápices de colores y rotuladores, mientras que los personajes están dibujados a mano en 2D, emulando la animación tradicional en su uso del color y las sombras.

Julián es una película que destaca no necesariamente por su animación (excelente, aunque no revolucionaria), sino por su mensaje más profundo. Enseñar a los niños a aceptarse como individuos únicos, que no deben verse constreñidos por la opinión ajena, puede parecer una lección que debería darse por sentada. Sin embargo, en un mundo donde estos valores a menudo se ven socavados por los adultos, es importante mantener viva la esperanza para las próximas generaciones. En este sentido, el largometraje de Bagnall ofrece múltiples capas de interpretación: está el tema de la inmigración (la conexión con la República Dominicana se mantiene con fuerza a lo largo de la película, enmarcada en el telón de fondo multicultural de Nueva York) y también el énfasis en la capacidad de romper fronteras, incluidas las que separan lo femenino de lo masculino.

Julián no teme expresarse tal y como es y no comprende por qué eso debería ser un problema para nadie. Al fin y al cabo, ¿qué tiene de malo ser una sirena? Su espontaneidad, unida a su inteligencia, demuestra que el prejuicio se aprende y se adquiere, en lugar de ser inherente a la naturaleza humana. El apoyo de su abuela es clave para transmitir este mensaje: con el respaldo adecuado de la familia, nada puede interponerse en el camino hacia la verdadera vocación de cada uno.

Julián es una coproducción entre Irlanda, Luxemburgo, Canadá y Dinamarca, producida por Cartoon Saloon, Aircraft Pictures, Mélusine Productions y Sun Creature. New Europe Film Sales gestiona las ventas internacionales de la película.

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(Traducción del inglés)

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