Crítica: Rogue Trooper
por Veronica Orciari
- El entrañable experimento de Duncan Jones, basado en el cómic de ciencia ficción homónimo, sigue a un soldado creado mediante ingeniería genética que busca venganza en un planeta alienígena

Rogue Trooper, la última propuesta de Duncan Jones, que dirige, coescribe (junto a Gerry Finley-Day) y produce la cinta, se ha estrenado mundialmente en Annecy. Basada en el cómic creado por Dave Gibbons y publicado en el Reino Unido como parte de 2000 AD, estamos ante una película de ciencia ficción con un marcado sentido del humor irónico.
El protagonista de este relato excéntrico es 19, un soldado creado mediante ingeniería genética (Aneurin Barnard) que descubre que es el único superviviente de una fuerza de invasión en el planeta alienígena Nu Earth. Allí, dos ejércitos implacables se enfrentan entre sí: los Norts y los Southers. Desesperado por dar con el traidor que lo vendió a él y a sus camaradas, al supersoldado lo acompañan tres compañeros de escuadrón caídos en combate, cuyas personalidades han sido almacenadas en su arma, su casco y su mochila: Gunnar (Jack Lowden), Helm (Daryl McCormack) y Bagman (Reece Shearsmith).
La película cuenta con un reparto increíble, con varios intérpretes procedentes del mundo de la comedia. Hayley Atwell encarna a la carismática y poderosa Venus Bluegenes, mientras que Diane Morgan presta su inconfundible voz a la coronel Logan. En el elenco figuran también Sean Bean y Asa Butterfield, entre otros. En esta mezcla heterogénea conviven acentos de lo más variados, y Jones juega claramente con los estereotipos, divirtiéndose al subvertirlos y creando un crisol que rara vez resulta exagerado. Dicho esto, algunos espectadores pueden sentir que a veces se pasa de rosca, pero la película es tan divertida que resulta difícil no rendirse a ella. Con todo, el sello británico y ciertos chistes funcionarán mejor en su tierra, donde 2000 AD es ya un fenómeno de culto. La banda sonora comparte ese espíritu y se revela como una de las más potentes que hemos oído en una película de este tipo desde hace mucho tiempo. Es pura locura sin complejos.
Lo más destacable de Rogue Trooper es su capacidad para construir un mundo que mezcla comedia, ciencia ficción y subtexto político de una forma bien calibrada y que, aunque a veces resulte irregular, encuentra la manera de ser único. La película se rodó con un presupuesto relativamente modesto, algo que rara vez se nota y que, cuando se nota, incluso juega a su favor. Probablemente conquiste a parte del público, especialmente a quienes descubran que son aficionados a un género que hasta ahora solo habían visto en clave de superproducción. Este enfoque, que evita tomarse demasiado en serio sin dejar de hacerlo cuando corresponde, supone un soplo de aire fresco.
El montaje de Barrett Heathcote da forma al relato, que quizá habría agradecido una duración algo más ajustada. Aun así, da pena cuando la película termina. Una vez que entras en el mundo que construye Jones, con todas sus rarezas y aristas, casi no quieres salir de él. Eso probablemente dará pie a que se geste un cierto fandom que, ojalá, no se quede demasiado en la sombra y ayude a alimentar una nueva oleada europea capaz de competir con las grandes producciones estadounidenses. En esa batalla de David contra Goliat, este experimento aporta un rayo de esperanza.
Rogue Trooper es una producción de las británicas Liberty Films y Rebellion. Sus derechos de ventas internacionales siguen disponibles.
(Traducción del inglés)
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