Crítica: In-I In Motion
por Savina Petkova
- El debut como directora de Juliette Binoche reflexiona sobre la belleza del proceso creativo que sustenta su trabajo coreográfico junto a Akram Khan

Muchos se sorprenderían al saber que Juliette Binoche, una de las actrices más consagradas y versátiles de nuestra época, es algo así como una mujer renacentista en el mundo de las artes. Ha ganado un Óscar, es pintora, poeta y música; Binoche se ha aproximado a diferentes medios artísticos con genuina curiosidad y cada proyecto ha resultado transformador para ella, no han sido simples incursiones en esto o lo otro. Ahora, casi dos décadas después de que ella y el coreógrafo británico Akram Khan concibieran la obra de danza In-I —que fue presentada más de cien veces en todo el mundo en 2008 y 2009—, Binoche ha firmado su debut como directora gracias al documental In-I In Motion. La película se estrenó en San Sebastián el año pasado, pero ahora será homenajeada con una proyección especial en la sección Highlights del CPH:DOX.
In-I In Motion reúne material de archivo en el que el “detrás de cámaras” equivale a un proceso crudo y creativo en el que las conversaciones, la experimentación y las improvisaciones de danza dan lugar a una pieza completamente nueva. La segunda parte de este documental de dos horas es una grabación completa de In-I, que supone una recompensa catártica para el espectador. Como podemos observar en la cinta, Binoche no tenía formación en la danza, aunque los más entendidos recordarán una secuencia de movimientos casi coreográficos en Los amantes del Pont Neuf, de Leos Carax. Por su parte, Akram Khan, un virtuoso en este ámbito, no tiene experiencia como actor. Es este encuentro e intercambio lo que se convierte en el corazón palpitante de In-I In Motion. Binoche se dirige al público una sola vez al inicio de la película para explicar su génesis y, después, la deja en manos de su yo del pasado y los espectadores.
Todo el material fue rodado por Marion Stalens (directora de fotografía y hermana de Binoche) y es, en todos los sentidos de la palabra, un documento. Con determinación, pero también con profundo respeto, las escenas que nos cuentan la “historia” del proyecto incluyen introspección, entusiasmo y frustración como reacciones inmediatas ante una creación en desarrollo. Es impactante cómo, incluso con la mirada retrospectiva de tantos años, la película muestra a Binoche y Khan como cocreadores de algo que florece de forma orgánica. Fragmentos de escenas se alinean como perlas en un collar, cada uno perfectamente autosuficiente pero a la vez dependiente de los demás. El trabajo de montaje de Sophie Brunet y Sophie Mandonnet ha demostrado ser crucial, ya que las intervenciones cinematográficas de Binoche pueden apreciarse claramente en el montaje y diseño de sonido de la película (y también en las composiciones de Philip Sheppard). In-I In Motion no es una “película de autor” en este sentido, pero sí ha sido compuesta cuidadosamente para mostrar una vulnerabilidad honesta e invitar al público a experimentar este viaje ex nihilo junto a ambos artistas.
In-I como obra de teatro y baile se compone de una serie de viñetas sobre el amor y las relaciones; sobre su evolución y deterioro. No es de extrañar que todo empiece con una historia sobre enamorarse en el cine, con Binoche sentada sola en una silla sobre el escenario mientras las luces parpadean sobre el único elemento de la escenografía: una pared exenta diseñada por Anish Kapoor que más tarde se convertirá en el interlocutor principal de ambos intérpretes. No obstante, la pared no es lo que les separa mientras sus personajes se unen y separan a lo largo de setenta minutos: es un punto de encuentro paradójico. In-I In Motion es similar en este aspecto: supone un espacio para proyecciones y encuentros, en forma de obra de arte asombrosamente honesta.
In-I In Motion fue producida en Francia por Miao Productions y Léger Production. Las ventas internacionales corren a cargo de mk2.
(Traducción del inglés por Elena Llorca Pérez)
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