Crítica: We Have to Survive
por Martin Kudláč
- Tomáš Krupa expands his observational practice into a globally orientated, multi-strand portrait of frontline communities adapting to climate change

Tras The Good Death, un estudio íntimo sobre el derecho a morir, el cineasta eslovaco Tomáš Krupa presenta el sorprendentemente amplio documental observacional We Have to Survive. La película, estrenada recientemente en la sección Open Horizons del Festival Internacional de Documentales de Tesalónica, sigue a diversas comunidades mientras se adaptan a la vida bajo la presión del cambio climático en cuatro rincones remotos del planeta. Al centrarse en poblaciones que ya viven con las consecuencias de la transformación medioambiental, explora cómo la adaptación se convierte en una práctica cotidiana.
El documental, que presenta la estructura de un mosaico de historias interconectadas, se desplaza desde los Outer Banks de Carolina del Norte, donde los residentes costeros se enfrentan al lento avance del océano, hasta el desierto del Gobi en Mongolia, donde una familia intenta frenar la desertificación a base de plantar árboles en un paisaje árido. Después viaja al asentamiento subterráneo de Coober Pedy, en Australia, donde los habitantes llevan tiempo adaptándose al calor extremo viviendo bajo tierra, y finalmente a las heladas costas del sur de Groenlandia, donde las comunidades pesqueras afrontan la acelerada desaparición del hielo marino y la incierta transformación de sus medios de vida tradicionales.
En lugar de adoptar un enfoque convencional, ya sea investigativo o ensayístico, Krupa construye la película a través de una serie de encuentros observacionales con protagonistas locales. Se abstiene de utilizar voces en off explicativas y comentarios de expertos, permitiendo en su lugar que sus protagonistas expresen sus propias perspectivas sobre el cambio medioambiental. Las conversaciones se desarrollan en cocinas, en barcos de pesca, en campos arenosos, a lo largo de costas frágiles y dentro de hogares subterráneos. La arquitectura del largometraje se basa en una estructura paralela en la que las cuatro líneas geográficas se entrelazan. Aunque cada segmento cuenta con un protagonista central, Krupa amplía el encuadre para incluir comunidades más amplias, captando las implicaciones sociales del cambio ambiental. La historia de Mongolia pone el foco en una familia a lo largo de tres generaciones mediante un relato íntimo, mientras que el segmento de Outer Banks también aborda tensiones políticas ligadas al mercado inmobiliario en una costa que se erosiona de forma constante.
Uno de los mayores logros de la película es la fotografía de Martin Čech y Ondřej Szollos. Los grandes angulares capturan la amplitud de los paisajes, aportando una sensación de escala a las transformaciones medioambientales, mientras que los planos con dron amplían aún más el alcance visual. En ocasiones, la película roza la estética de los documentales de viajes de alta gama, especialmente en su representación de Groenlandia y Mongolia. Estas imágenes se ven reforzadas por el sólido ritmo y el montaje de Peter Kudlička, que equilibra los distintos ritmos narrativos de cada localización al tiempo que contribuye a una perspectiva global cohesionada sobre el cambio climático como condición compartida.
Krupa evita deliberadamente la retórica catastrofista, centrándose en cambio en la resiliencia y el ingenio de comunidades decididas a permanecer en los lugares que llaman hogar. Muchos de los protagonistas rechazan la posibilidad de trasladarse, de modo que optan por afrontar directamente el cambio ambiental. Al poner en primer plano estas historias humanas dentro de paisajes en transformación, We Have to Survive trasciende los límites del documental centrado en problemáticas concretas, ofreciendo un conjunto de relatos individuales que, en conjunto, forman el retrato de una experiencia colectiva.
We Have to Survive ha sido producida por la productora eslovaca Hailstone, en coproducción con Golden Girls Filmproduktion (Austria) y YUZU Productions (Francia). Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Taskovski Films.
(Traducción del inglés)
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