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MÚNICH 2026

Crítica: Memories of a Forest

por 

- La ópera prima de la directora austríaca Katharina Rabl aborda el legado y los patrones familiares en los que generaciones enteras de mujeres quedan atrapadas

Crítica: Memories of a Forest
Julia Windischbauer y Lukas Walcher en Memories of a Forest

Cuando regresamos a casa tras una larga ausencia dedicada a perseguir nuestros objetivos y descubrimos que los recuerdos ya no coinciden con aquello que dábamos por sentado, se crea una tensión entre el sentido del deber y el deseo de escapar de los patrones transgeneracionales. Esto es especialmente cierto para las mujeres de comunidades tradicionales y rurales como la región de Waldviertel, en Baja Austria, donde creció la directora Katharina Rabl y donde ambientó y rodó su película de fin de estudios en la HFF de Múnich, Memories of a Forest. La película acaba de celebrar su estreno mundial en la sección New German Cinema del Festival de Múnich.

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Frieda (Julia Windischbauer) está escribiendo su tesis doctoral en la Universidad de Viena y, al terminarla, recibe una oferta de trabajo. Sin embargo, cuando su abuela Elisabeth muere y regresa a su ciudad natal, Rickwitz, para lo que cree que serán solo un par de días, descubre que ha heredado un bosque de abetos. Como sus padres, Johanna (Johanna Orsini) y Alexander (Dominik Warta), atraviesan una situación financiera muy precaria (la madre cuidaba de la abuela a tiempo completo y el padre se ha operado de la espalda), su primer impulso es venderlo, pero Johanna no quiere ni oír hablar de ello, ya que su madre se lo legó a la nieta. Con la intención de cubrir al menos los gastos del funeral, Frieda une fuerzas con su vecino y amigo de la infancia, Friedrich (Lukas Walcher), que ha estado gestionando el terreno, para talar algunos árboles y venderlos. Desgraciadamente, descubren que están infestados de escarabajos de la corteza, lo que reduce su valor a la mitad, y poco después el aserradero de la zona deja de comprarlos.

Aparentemente igual de decidida que hasta ahora a seguir con su carrera académica, que se resiente por sus preocupaciones familiares, Frieda se vuelca en encontrar una solución para el bosque, que representa un legado tanto material como inmaterial. Este último se refleja en viejos secretos que revelan inesperados paralelismos entre Frieda y su abuela, mientras que Johanna emerge como la figura más trágica y lastrada por la culpa de la familia. En este sentido, la interpretación de Orsini destaca dentro de un reparto, en general, sólido.

El director de fotografía Jacob Kohl rueda de forma tradicional, con luz natural y en digital, pero con colores desvaídos y una textura ligeramente granulada que sobresale en las escenas del bosque, cuando el serrín danza en los rayos de luz que se filtran entre las altas ramas de los abetos y se reflejan en las gotas de sudor del rostro de Frieda mientras trabaja con la motosierra y la carretilla elevadora. Las imágenes de la maquinaria pesada subrayan el papel económico de la madera y el componente material de la herencia, complementadas con elegancia por la partitura de Peter Kutin, que en ocasiones incorpora ritmos de inspiración industrial sobre drones de textura áspera que suelen repetirse en bucle, igual que los patrones familiares en los que Frieda y sus predecesoras llevan atrapadas desde hace generaciones.

Memories of a Forest es una coproducción entre la alemana Leykauf Film y la austríaca Mischief.

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(Traducción del inglés)

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