Crítica: The Patron
por Alfonso Rivera
- La ópera prima de Julia Thelin es una de esas películas que no son perfectas, ya que juegan peligrosamente con la credibilidad, pero que no puedes dejar de mirar

Para abrir la edición número 41 del Cinema Jove de Valencia sus programadores acertaron al elegir el thriller satírico The Patron, debut en la dirección de largometrajes (tras foguearse en el formato corto con títulos como Push It y Tweener) de la cineasta sueca Julia Thelin. Porque la cinta, con una trama rebuscada a la vez que fascinante, te mantiene pegado a la butaca sin dejar de preguntarte hacia dónde girará esa historia y, sobre todo, si no acabará malamente.
Su argumento narra la historia de una limpiadora (interpretada por la inquietante Carla Sehn) que aspira a una vida mejor en todos los aspectos y que, tras hacerse pasar por una influyente mecenas de arte (Mecenaten es su título original), invita a dos jóvenes aspirantes a artistas que sobreviven como camareros esporádicos en la lujosa vivienda vacía de su jefa ausente. Lo que comienza como un juego aparentemente inocente acaba convirtiéndose en una peligrosa espiral de engaños, deseo de reconocimiento y abuso de poder.
Estrenado mundialmente en el Festival de Gotemburgo, The Patron recuerda por momentos (como su propia autora reconoce) al cine claustrofóbico del griego Yorgos Lanthimos, al psicológico de Roman Polanski, al denso de Michael Haneke y hasta al ácido de su compatriota Ruben Östlund. De este último, especialmente a The Square, pues también edifica con sus fotogramas una afilada crítica al mundo del arte, sus egos y sus servidumbres: un cosmos elitista y pretencioso donde se ejerce poder con despotismo y se subliman muchos sueños, aunque resulten ser un tanto ridículos (y patéticos).
Pero, sobre todo, este film es un análisis de la conducta humana y sus deseos de ser algo más, escalando posiciones en una sociedad que no lo permite fácilmente. Para ello sus personajes se dejan llevar por sus anhelos de triunfo, rompiendo algunos límites morales y éticos, pues son capaces de creerse cualquier mentira siempre que conduzca al logro ansiado.
Interpretada apenas por tres actores protagonistas (la mencionada Sehn junto a Lucas Lynggaard Tønnesen y Maxwell Cunningham), algún personaje episódico y filmada en pocos escenarios (el principal es un casoplón rodeado de naturaleza nórdica), la cinta es de una ambigüedad orgullosa, cargada de violencia psicológica y con un misterio que recorre todo su metraje aguijoneando al espectador, quien se pregunta constantemente “¿hasta cuándo se va a poder sostener la gran mentira que esgrime el personaje central?”
Así, con momentos de gran tensión (también sexual) y otros tambaleándose en la fina cuerda de la credibilidad, The Patron se convierte en un grito cinematográfico. Un exabrupto incómodo y tenso que no solo expresa hastío, insatisfacción y rabia, sino que aparece retratado en diferentes formatos en varias escenas de una película que no deja indiferente a un público que logra polarizar, pues la ama aceptando su arriesgada apuesta argumental o, directamente, no la soporta por eso mismo.
The Patron es una producción de la compañía sueca Grand Slam Film.
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