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PELÍCULAS / CRÍTICAS Reino Unido

Crítica: On the Sea

por 

- El delicado y minucioso drama de Helen Walsh muestra a un pescador de mediana edad que descubre su identidad queer de forma tardía

Crítica: On the Sea
Lorne MacFadyen y Barry Ward en On the Sea

Anglesey, situada frente a la costa noroeste de Gales, es una isla hermosa, relativamente aislada y bastante olvidada, pero con mucho más que ofrecer de lo que aparenta. Allí viven el padre de familia Jack (interpretado por Barry Ward, cuya carrera despegó con su papel en Jimmy’s Hall, de Ken Loach), su hermano Dyfan (Celyn Jones) y sus hijos, que trabajan en el sector pesquero, rastreando las aguas poco profundas en busca de mejillones destinados a los restaurantes más exclusivos de Londres. Por ahora, la austeridad y el deterioro social no han afectado a este lugar, sostenido durante generaciones por la industria pesquera, aunque siguen presentes las actitudes tradicionales y la iglesia cercana se llena de fieles cada fin de semana. En ese contexto, resulta a la vez admirable y triste que Jack haya conseguido ocultar su identidad queer reprimida.

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En el panorama del cine independiente británico, la aclamada novelista reconvertida en directora Helen Walsh opta por un entorno y un planteamiento reconocibles en su segundo largometraje, On the Sea, proyectado esta semana en el BFI Flare tras su estreno en el Festival de Edimburgo, que lo llevó posteriormente a Tesalónica y Palm Springs. Sin embargo, gracias a la hipnótica fotografía de Sam Goldie, en sintonía con el entorno, y a unas interpretaciones comprometidas, esta nueva variación del relato resulta estimulante. En conjunto, la película recuerda que, pese a vivir en una era de mayor visibilidad queer, la sexualidad (y la confianza necesaria para expresarla) necesita tiempo para aflorar plenamente, e incluso para que uno mismo llegue a comprenderla con claridad. En la vida de Jack, repetitiva pero reconfortante, entre bancos de mejillones y dragas de vieiras, y en una relativa armonía doméstica con su esposa modista, Maggie (Liz White), el protagonista ha logrado reprimir con eficacia su verdadera identidad.

Una noche, en el pub local, Jack cruza miradas con Daniel (Lorne MacFadyen), un manitas itinerante que lleva una vida nómada recorriendo la costa en su caravana. A medida que Jack se adentra en la mediana edad y diversos factores comienzan a alterar su aparente estabilidad, como la modernización del negocio que comparte con Dyfan o la resistencia de su hijo Tom (Henry Lawfull) a seguir sus pasos, se siente cada vez más atraído por este recién llegado. Lo que empieza como una conversación tímida pero cargada de significado termina desembocando en un encuentro íntimo. Si hay algo en el cine de Walsh que delata su experiencia en la ficción popular, es su rechazo de la clásica estructura en tres actos y su interés por las zonas ambiguas de la identidad: cada momento o giro se prolonga más de lo habitual, ganando en profundidad a costa de una narración más ágil.

On the Sea encaja a la perfección en un espectro que va desde el cine de Mark Jenkin, con su evocación inquietante del pasado, presente y futuro del litoral de Cornualles, hasta Tierra de Dios, con su particular mirada rural británica sobre la vida queer y la soledad. Aunque aún le faltan algunos rasgos más distintivos y dinámicos que le permitan destacar con fuerza en festivales e incluso en su futuro estreno en salas en el Reino Unido, su sensibilidad y la mirada precisa de Walsh resultan más que bienvenidas.

On the Sea es una producción de la británica Red Union Films. Sus ventas internacionales corren a cargo de The Yellow Affair.

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(Traducción del inglés)

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