email print share on Facebook share on Twitter share on LinkedIn share on reddit pin on Pinterest

KARLOVY VARY 2026 Proxima

Crítica: 33 Steps

por 

- La ópera prima de los cineastas eslovacos Anna y Šimon Domček es un híbrido de docuficción sobre un hombre romaní que sufre un trauma a raíz de una brutal agresión que casi le cuesta la vida

Crítica: 33 Steps
Milan Daniel en 33 Steps

El cine eslovaco ha desarrollado en los últimos años una tendencia que casi podría calificarse de propia: la de los híbridos entre documental y ficción centrados en la comunidad romaní, desde Made in Ash, de Iveta Grófová, hasta Silent Days, de Pavol Pekarčík. Ambas películas se estrenaron en el Festival de Karlovy Vary, y ahora dos directores debutantes, Anna y Šimon Domček, han aportado su contribución, 33 Steps, a la sección Proxima del certamen.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)
insularia_Josué

33 Steps es una película de ficción en la que actores no profesionales se interpretan a sí mismos en una historia basada en sus propias vivencias, o más concretamente en la de Milan Daniel, un hombre romaní de la zona fronteriza entre la República Checa y Eslovaquia que fue brutalmente agredido y sobrevivió gracias a lo que él considera una intervención divina. En una voz en off profunda y áspera, relata cómo, durante el coma en el que permaneció tras la paliza, vio tanto al diablo como a Dios, y cómo este último le advirtió de que no buscara venganza.

En la actualidad trabaja como vigilante de seguridad y una especie de conserje en una empresa cuya identidad no se llega a revelar en ningún momento. Está casado con Jana y tiene dos hijos preadolescentes, Mili y Gabriel. Cuando se entera de que uno de sus agresores, Erik —quien además había sido su compañero de piso y organizó el ataque— está a punto de salir de prisión, el trauma vuelve a aflorar. Empieza a soñar con Erik y proyecta esa obsesión y esa paranoia sobre Mili, aunque sin explicarle nunca el motivo. El niño acaba llevando un cuchillo al colegio, lo que lleva a la psicóloga escolar a citar a Milan para hablar con él. Sin embargo, este apenas presta atención a la conversación, demasiado consumido por la incertidumbre sobre qué hacer cuando Erik recupere la libertad. Lo vemos una y otra vez pulsando el telefonillo de la casa de su agresor, incapaz de averiguar cuándo saldrá realmente de prisión.

La película está rodada con un formato que recuerda al Super 8 o al 16 mm, con una imagen muy oscura y un marcado grano. Las notas de prensa indican un formato de imagen de 1,77:1, aunque visualmente parece mucho más cerrado, ya que prácticamente no hay planos generales. El encuadre está siempre saturado; los rostros ocupan casi toda la pantalla y rara vez caben por completo en ella, mientras que el entorno resulta a menudo difícil de distinguir. La cámara permanece casi constantemente pegada a Milan, cuyo aspecto —cabeza rapada, cicatrices visibles y mandíbula prominente— resulta imponente. Sin embargo, es él quien vive atenazado por el miedo.

El montaje, firmado por Daniel Robert Emanuel, que también ejerce como director de fotografía, es fragmentario. Resulta difícil determinar cuánto tiempo transcurre entre las distintas escenas, lo que mantiene al espectador a cierta distancia emocional de la historia. Es una paradoja, ya que la puesta en escena sitúa físicamente la acción muy cerca de los ojos del público. El elaborado diseño sonoro y los inquietantes fragmentos de música electrónica contribuyen a generar una intensa sensación de claustrofobia, despertando al mismo tiempo muchas otras formas de ansiedad. La película es tan oscura en su tono como en su estética.

Con todo, el conjunto resulta demasiado disperso para consolidarse como una experiencia plenamente poderosa. Además, aunque el protagonista posee una presencia física muy marcada, su escasa expresividad dificulta que el espectador conecte emocionalmente con él. Aun así, Anna y Šimon Domček demuestran talento y dejan entrever un gran potencial, abordando una serie de temas que se entrelazan de forma sugerente: la fe, la superstición y la paranoia, las máscaras que llevamos (incluidas las de los superhéroes), la percepción y la posición social de la comunidad romaní, la paternidad y la ambivalencia de la culpa.

33 Steps es una coproducción entre la eslovaca escadra, la checa endorfilm y el Instituto di Neorealismo di Modena.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

(Traducción del inglés)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Privacy Policy