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Crítica: La Chaleur

por 

- Stéphane Demoustier entrelaza un suspense marcado por la culpa en torno a una muerte accidental y un retrato generacional de una juventud inquieta en busca de amor e identidad

Crítica: La Chaleur
Hadrien Hussein y Martina La Manna en La Chaleur

“—Es hermoso, es trágico, dramático. —No, es delicado y, al mismo tiempo, tiene impulso, vitalidad; es sensual”. Al igual que las percepciones tan distintas de dos jóvenes que están a punto de dejar atrás la adolescencia mientras escuchan en una playa el preludio de Lohengrin, de Wagner, La Chaleur, la nueva película de Stéphane Demoustier, que se estrenará en los cines franceses el 8 de julio de la mano de Memento, despliega una fascinante partitura cinematográfica llena de contrastes y de mezclas de géneros, confirmando así el talento del cineasta para sorprender siempre con giros inesperados. Tras las pistas de tenis de tierra batida de Terre battue, el Parque de La Villette de Allons enfants, el tribunal de La chica del brazalete, la prisión —y Córcega— de Borgo y la gigantesca obra parisina de El arquitecto, el director explora ahora un nuevo doble escenario al adaptar la novela homónima de Victor Jestin: un camping costero del suroeste de Francia, abrasado por el sol y mecido por el romper de las olas, y una juventud contemporánea ávida de experimentar las emociones propias de su edad, aunque inquieta en secreto ante la incertidumbre del futuro.

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“Si sabes algo, tienes que decírmelo”. Desde la noche anterior, Marouane (Hadrien Hussein, en su debut en la gran pantalla), un joven tímido que acaba de terminar el bachillerato y que tiene dificultades para integrarse en los grupos, relajarse y llamar la atención de las chicas, vive un auténtico calvario psicológico. En plena madrugada, una absurda discusión provocada por el popular Oscar (Noé Houssard) acabó convirtiéndose en una pesadilla: una caída accidental, una muerte y un cadáver que Marouane, presa del pánico, enterró impulsivamente en la playa. Sin testigos de lo ocurrido, este particular Raskólnikov queda atrapado entre los remordimientos de la culpa y el miedo a ser descubierto. Su angustia se ve agravada por sus padres (Zakariya Gouram y Cécile Ducrocq), que no dejan de aplazar la salida prevista de la familia (Marouane tiene una hermana pequeña, interpretada por Marguerite Demoustier) de un camping donde las actividades estivales continúan como si nada (“divertíos y sed felices”). Mientras socorristas y policías comienzan la búsqueda del desaparecido, Marouane intenta mantener las apariencias como puede, aunque recibe también una inesperada buena noticia: la atractiva italiana Giulia (Martina La Manna) parece haberse fijado en él.

Como el espectador conoce desde el principio el terrible y pesado secreto de Marouane, la película acompaña en todo momento a este entrañable protagonista, que ha perdido por completo su centro de gravedad y se ve arrastrado por una inquietante espiral descendente de la que no encuentra salida, mientras la investigación va estrechando el cerco a su alrededor —y al de sus mentiras— en el ambiente sumamente hedonista del litoral. Demoustier intensifica este desequilibrio psicológico mediante diversos recursos estilísticos que rozan la alucinación auditiva, gracias a la banda sonora de Pierpaolo Saccomandi, que entrelaza la música con los sonidos de la naturaleza circundante. Todo ello se integra en una observación casi documental tanto del espacio (el camping y su geografía, desde las tiendas y autocaravanas hasta la playa y las zonas comunes de ocio) como del universo juvenil (la relación con los padres, la obsesión por acostarse con chicas, encarnada por el personaje interpretado por Tristan Richard, entre otros aspectos). La fotografía sensorial de David Chambille convierte La Chaleur en un absorbente thriller introspectivo de combustión lenta —la acción transcurre a lo largo de apenas 36 horas—, tan sutil como inteligente en su retrato sociológico, construido a base de pequeños detalles y sostenido por un guion muy sólido, que avanza como una partida de ajedrez, un juego del escondite o una corriente que va erosionando lentamente la arena, articulando temas universales como el individuo frente al grupo, Eros frente a Tánatos y la oposición entre la juventud (“hay que aprovechar, son los mejores años de vuestra vida”) y la responsabilidad (“no se dan cuenta de las consecuencias de sus actos”).

La Chaleur ha sido producida por Petit Film (Francia) y coproducida por Wildside (Italia), Panache Productions (Bélgica) y La Compagnie Cinématographique (Bélgica), en asociación con The Dreaming Sheep Company (Suiza). Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Charades.

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(Traducción del francés)

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