Crítica: Only Beautiful Things to Look At
por Olivia Popp
- La minuciosa disección del control biopolítico de Ivan Ostrochovský se centra en la amistad entre una médica blanca y una enfermera romaní en la Checoslovaquia de los años ochenta

A posteriori todo se ve más claro, pero en el momento rara vez es así. En su tercer largometraje de ficción, Only Beautiful Things to Look At, el eslovaco Ivan Ostrochovský retoma esta idea al abordar la histórica esterilización de mujeres romaníes en la Checoslovaquia rural de finales de los años ochenta. Su protagonista está plenamente integrada en el sistema, en una posición precaria como médica que forma parte de una comisión de evaluación que aprueba esterilizaciones y, además, las practica. Solo a través de una perspectiva externa es capaz de dar sentido a lo que le han pedido que haga.
Escrita por Marek Leščak y Ostrochovský, la película tuvo su estreno mundial en la competición de Karlovy Vary y ya se ha presentado como una sólida apuesta eslovaca en la edición de este año del certamen. No es el único título del director que se proyecta en Karlovy Vary, ya que su documental Igor and After está seleccionado en la sección Special Screenings – Classics.
A través de los ojos de la ginecóloga Ingrid (Aňa Geislerová), la esterilización se presenta inicialmente como un procedimiento opcional, pensado también para frenar el aluvión de solicitudes de aborto de mujeres romaníes. Poco a poco, la protagonista asume el poder coercitivo de unas instituciones médicas que operan por vías económicas (pagando a las "voluntarias") y la ausencia de consentimiento informado. Su viaje emocional hacia la comprensión de su rol en una práctica eugenésica se debe en gran medida a la amistad con Agáta, de 19 años (interpretada por Simona Boledovičová, que brilla en este papel), una enfermera que al principio oculta su identidad romaní.
Como mujer en el ámbito médico (algo ya subrayado como una rareza), Ingrid está completamente centrada en rendir al máximo de sus capacidades, con la cámara (a cargo de Juraj Chlpík) pegada en primerísimo plano a sus ojos, su pelo y sus labios. Ostrochovský impregna el arranque de la historia de Ingrid con una paleta cromática muy oscura y un simbolismo naturalista: árboles e insectos y, más adelante, animales y flores. Nunca llega a resultar lo bastante abstracto como para funcionar como metáfora. Sin embargo, estos elementos permiten a la película ir más allá de una sensación de familiaridad, en combinación con una inquietante banda sonora orquestal construida sobre un zumbido constante (a cargo de Michal Novinski).
Solo al acercarse a Agáta, con una pizca de preocupación maternal, Ingrid logra distanciarse de su trabajo y asumir la gravedad de su labor, con la joven iluminando y abriendo, literalmente, el mundo a su alrededor. Aunque la amistad entre ambas nunca alcanza del todo la profundidad que el público podría desear, sus escenas juntas resultan sinceras y brillan cuando ambas se sienten lo bastante vulnerables como para dejarse llevar.
Pese a los esfuerzos de Ingrid por derribar la barrera existente entre ellas, persiste una tensión a la luz de la dinámica de poder inherente, que se mantiene hasta el desenlace de la película, un deus ex machina descafeinado. Por momentos cuesta empatizar con su ingenuidad o ignorancia ante una situación tan grave cuando no parece estar del todo justificada. La pregunta que acompaña al espectador es si Ingrid podría haber comprendido antes, por sí sola, el papel que desempeña en esta serie de procedimientos lesivos. Con todo, la recompensa emocional a su resistencia acaba llegando, y el resultado es cálido y reconfortante.
Only Beautiful Things to Look At es una producción de Punkchart Films (Eslovaquia) y Negativ (República Checa), coproducida por Proton Cinema (Hungría), Slovak Television and Radio y Czech Television.
(Traducción del inglés)
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