Crítica: Hokum
por Muriel Del Don
- Damian McCarthy hace temblar al público gracias a un thriller sobrenatural que juega hábilmente con los códigos del folk horror

Tras dos largometrajes de terror de una notable sofisticación formal, Caveat y Oddity, el director irlandés Damian McCarthy ha estrenado a nivel mundial su nueva película, Hokum, tanto en el SXSW como en la competición internacional del Festival Internacional de Cine Fantástico de Neuchâtel (NIFFF). Se trata de una propuesta sorprendente, a ratos de aire clásico, pero también profundamente contemporánea, que juega con gran habilidad con los códigos del folk horror para ofrecer al público una experiencia de terror puro, suspendida en el tiempo.
Hokum gira en torno a Ohm Bauman (Adam Scott), un célebre escritor que se instala temporalmente en un hotel situado en la campiña irlandesa con la intención de avanzar en un libro que lleva tiempo sin conseguir terminar —¿tal vez por un bloqueo creativo?— y, sobre todo, de esparcir las cenizas de sus padres en el inquietante bosque que rodea el establecimiento. La decisión de viajar a Irlanda nace tras la aparición del fantasma de su madre, atrapada en una especie de repetición infinita de los recuerdos de la luna de miel que pasó precisamente en ese lugar. Para cumplir con esa delicada misión, Ohm decide alojarse en el Bilberry Woods Hotel, una mansión detenida en el tiempo, un lugar espectral donde parece que el reloj dejó de avanzar hace mucho. El escritor, rodeado de un personal entregado al gusto por lo kitsch y lo extravagante, irá siendo arrastrado poco a poco hacia las entrañas del hotel, absorbido por un laberinto secreto poblado por criaturas sencillamente escalofriantes.
Ohm sorprende al propietario del hotel, Cob (Brendan Conroy), mientras relata a dos niños la historia de una bruja que secuestra a los pequeños, los encadena y los arrastra a un mundo subterráneo donde son atormentados por las almas que lo habitan. Esa misteriosa mansión, una especie de reflejo arquitectónico del atormentado inconsciente del protagonista, acaba convirtiéndose también para él en una trampa potencialmente mortal. Los hechos reales y los secretos enterrados durante años, las leyendas de brujas y los fantasmas llegados del más allá forman parte de la conciencia —o, mejor dicho, del subconsciente— de este hombre que intenta afrontar un duelo que es incapaz de elaborar. ¿Está Ohm Bauman soñando o está viviendo realmente aquello que sueña? A medida que sus pesadillas afloran y terminan imponiéndose sobre la realidad, la tristemente célebre suite nupcial se convierte en el escenario de una feroz lucha por la supervivencia.
Otro personaje fundamental de la historia es Jerry (David Wilmot), a quien Ohm conoce en el bosque mientras esparce las cenizas de sus padres. Jerry es un vecino del lugar, un marginado al que la comunidad considera persona non grata, que vive en una furgoneta y consume habitualmente una bebida a base de leche mezclada con setas alucinógenas. Jerry, rechazado por los habitantes de la zona tras ser acusado —injustamente— de asesinar a su esposa, acabará convirtiéndose en un valioso aliado de Ohm en su búsqueda de una verdad que parece escapársele constantemente. Completa este trío de inadaptados Fiona (Florence Ordesh), la camarera del hotel, de quien descubrimos que fue víctima de un terrible feminicidio. Son precisamente Jerry y Fiona quienes dotan a la película de su dimensión más subversiva, transformando un relato de terror impecablemente construido y visualmente muy atractivo en una incisiva crítica social. Ambos encarnan aquello que una sociedad respetable, heteropatriarcal y moralista convierte en monstruoso por el simple hecho de ser diferente. Jerry es marginado por la falsa acusación de haber matado a su mujer y por mantener una relación con la naturaleza que trasciende lo racional, gracias a su poderosa poción elaborada con setas alucinógenas. Fiona, por su parte, es castigada por romper la apariencia de un idilio heteronormativo. Ambos acabarán pagando con la vida su deseo de libertad y de diferencia. Hokum parece recordarnos que el verdadero peligro no reside en la bruja oculta en la casa —otro arquetipo utilizado históricamente para someter a las mujeres dentro de una sociedad heteropatriarcal—, sino en la estrechez de miras de una sociedad en la que no ajustarse a la norma puede salir muy caro.
Hokum es una producción de Spooky Pictures (Estados Unidos), Tailored Films (Irlanda), Image Nation Abu Dhabi, Team Thrives (Estados Unidos) y Cweatures Features (Estados Unidos). Las ventas internacionales de la película corren a cargo de NEON.
(Traducción del italiano)
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