Crítica: The Guest
por Olivia Popp
- Mads Mengel le da un toque de comedia negra nórdica a su ópera prima, que retrata el desmoronamiento de un evento familiar tras la llegada del personaje que da título a la película

En la tradición del humor negro nórdico, el caos de las familias disfuncionales y la comedia de la vergüenza ajena, el cineasta danés Mads Mengel debuta en el largometraje con The Guest, que acaba de tener su estreno mundial en competición en la 60.ª edición del Festival de Karlovy Vary. Pese a la familiaridad tonal de la película, los coguionistas Christian Bengtson y Mengel se aseguran de que sus protagonistas sean lo suficientemente singulares, tanto en sus traumas como en sus preferencias, permitiéndonos acceder con facilidad a su mundo. La premisa, en apariencia sencilla, da paso a una rotunda dramedia negra con varias escenas inolvidables.
Karl (Simon Bennebjerg) y Emilie (Mette Klakstein Wiberg) llevan a su hijo pequeño a un pueblo de la costa para celebrar su bautizo, hasta que Vibeke (Trine Dyrholm), la madre de Karl, con quien mantiene una relación distante, se presenta sin invitación. Karl choca con su hermana mayor, Rikke (una encantadoramente obstinada Josephine Park), que contempla con más empatía la enfermedad mental no especificada de su madre. A lo largo de apenas unos días junto a su hijo, su familia y sus amigos, Karl duda entre volver a integrarla en su vida o negarse a hacerlo, pese a las posibles consecuencias en cualquiera de los dos casos.
Dyrholm ofrece una interpretación formidable como una madre neurótica pero profundamente amorosa, que se adueña prácticamente de cada escena en una película construida en gran medida a partir de situaciones milimetradas que revelan la naturaleza de sus episodios maníacos. Podría interpretarse que Vibeke padece un trastorno límite de la personalidad o un trastorno bipolar, pero el diagnóstico es irrelevante: lo importante es la carga que supone para sus relaciones con sus hijos y con el resto de la familia. Mengel plantea de forma implícita la sugerente pregunta de si recae en ella la responsabilidad de tomar conciencia del pánico que provoca y, en sentido inverso, hasta qué punto deben adaptarse quienes la rodean.
Los frecuentes y dramáticos zooms bruscos del director de fotografía David Bauer confieren al arranque de The Guest un tono casi delirantemente divertido, cercano al de una sitcom, que se va degradando a medida que avanza el metraje y pasa de lo incómodamente desternillante a lo abiertamente serio. El momento culminante de la película tiene lugar en la playa, cuando Karl invita a Vibeke a participar en la ceremonia de bautizo de su hijo, cuyas consecuencias dejan atónitos a los invitados. Ese punto marca el viraje del relato hacia un tono más reflexivo, que permite al público comprender de verdad el aprieto en el que se encuentra Karl.
La película termina con un desenlace curiosamente abierto, que acaba resultando más audaz que si Mengel hubiera ofrecido una solución definitiva al dilema de su protagonista. Se toma una decisión difícil, con amor y cuidado, y quizá sea todo lo que cabe pedir en una situación así, en la que el público recibe además comedia y tragedia a partes iguales.
The Guest es una producción de la danesa Monolit Film, mientras que LevelK se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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