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KARLOVY VARY 2026 Proxima

Crítica: Lover, Not a Fighter

por 

- La ópera prima de Martina Buchelová convierte un romance turbulento en un mosaico desestructurado y semidocumental de la Generación Z sobre la intimidad, la ansiedad y el desbarajuste cómico

Crítica: Lover, Not a Fighter
Adam Kubala y Michaela Kostková en Lover, Not a Fighter

La cineasta eslovaca Martina Buchelová ha estrenado a nivel mundial su primer largometraje, Lover, Not a Fighter, en la sección Proxima del Festival de Karlovy Vary. A primera vista, la película gira en torno a la turbulenta y tragicómica relación sentimental entre dos jóvenes adultos, Miša (Michaela Kostková) y Andrej (Adam Kubala). Sin embargo, Buchelová amplía rápidamente el foco de esta historia para convertirla en un retrato episódico y coral de una generación que trata de desenvolverse entre las relaciones afectivas, las disfunciones familiares y la incertidumbre.

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Miša es tímida, pero tiene las ideas claras, mientras que Andrej es mucho más impulsivo y lucha por controlar su problema con el alcohol, que ya ha arruinado varias de sus relaciones. Vive con su abuela (Jaroslava Pokorná) y comparte piso con su primo Peťo (František Beleš), un joven con unas habilidades sociales poco desarrolladas. En torno a esta pareja protagonista, Buchelová construye un mosaico de pequeñas historias: Andrej intenta contener sus impulsos autodestructivos; Peťo busca un grupo social al que sentir que pertenece; Miša trata de superar la decepción que le provoca Andrej; la hermana de Miša (Mia Sofia Arpášová) afronta la incomodidad de su primer amor de instituto; y el padre de ambas (Jaro Vojtek), un hombre afable y de carácter tranquilo, se convierte de repente en un obsesivo preparacionista convencido del inminente fin del mundo, empeñado en construir un búnker para desesperación del resto de la familia.

Lover, Not a Fighter es menos una historia de amor convencional que un mosaico narrativo compuesto por episodios no lineales, digresiones y viñetas cómicas protagonizadas por Miša, Andrej y quienes les rodean. Esta estructura fragmentaria confiere a la película el carácter de un retrato coral generacional, donde el romance central funciona menos como motor de la trama que como uno de los hilos que componen una visión más amplia de unos jóvenes que intentan comprenderse a sí mismos y a los demás. El debut de Buchelová resulta tan libre de espíritu como de forma. Sus distintas escenas se agrupan de manera laxa alrededor de la relación entre Miša y Andrej, al tiempo que dibujan un paisaje emocional marcado por la ansiedad, la soledad y la búsqueda de la felicidad en una sociedad inestable. Lo más destacable es que la directora evita tanto el psicologismo excesivo como los diagnósticos generacionales simplistas. En su lugar, observa a sus personajes con ligereza, permitiendo que afloren de forma natural sus contradicciones, torpezas y pequeños absurdos cotidianos.

La fotografía de Adam Mach (Victim, Summer School, 2001) apuesta por una inmediatez de corte casi documental, con cámara en mano, abundantes primeros planos e imágenes ocasionales grabadas con teléfono móvil. Este planteamiento dota a la película de una textura generacional muy directa, mientras que la alternancia entre ópticas convencionales y vídeos de móvil refleja un mundo en el que la experiencia personal está constantemente mediada por los hábitos digitales. Buchelová también introduce un humor seco mediante rótulos que presentan determinadas escenas, aportando a la película un tono ligeramente autoconsciente, casi metanarrativo. En un encuentro fortuito con el padre de Andrej y su nueva novia, mucho más joven que él, un cartel anuncia: “El padre de Andrej está enamorado... y arruinado”. Esta forma de narrar basada en situaciones resulta más estimulante que una estructura lineal convencional. En ocasiones, no obstante, la libertad narrativa deriva en episodios anecdóticos, algunos más logrados que otros. Aun así, Lover, Not a Fighter consigue retratar una sensación de deriva sin convertirla en una desesperanza generacional de moda, y su humor evita que el conjunto acabe transformándose en una solemne tesis sobre una juventud en crisis.

Como ópera prima, la película es modesta en escala, pero está impulsada por una sensibilidad ligeramente punk. Su estructura abierta y desenfadada no siempre juega a su favor, ya que algunas viñetas insertadas aportan poco al desarrollo de los personajes o de la historia. Sin embargo, en otros momentos esa misma libertad permite a Buchelová ampliar el alcance emocional y generacional de la película, como cuando introduce de forma repentina un flashback en el que vemos a la hermana pequeña de Miša siendo acosada por un hombre de la edad de su padre. Sin preparación previa, la escena resulta desconcertante, pero también intensifica la sensación de vulnerabilidad y ansiedad generacional que atraviesa toda la obra. Su mayor acierto reside en negarse a reducir la experiencia de la generación Z a un excesivo estudio psicosociológico. En lugar de eso, Buchelová ofrece una instantánea juguetona, tragicómica y deliberadamente imperfecta de la juventud, donde el amor, las disfunciones familiares, el autosabotaje y el absurdo conviven como parte de un mismo e inestable clima emocional.

Lover, Not a Fighter es una producción de Ninja Film y NOCHI FILM. Aerofilms estrenará la película en los cines de la República Checa el 17 de septiembre, mientras que la distribución en Eslovaquia correrá a cargo de la Asociácia slovenských filmových klubov en esa misma fecha.

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(Traducción del inglés)

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