Crítica: Route Algéricaine
por Fabien Lemercier
- Rabah Ameur-Zaïmeche se adentra en los peligros y los encuentros inesperados del desierto en una road movie singular y muy libre

“La arena guarda los secretos más antiguos y sagrados del universo, pero también conserva los escritos de los poetas”. Con Route Algéricaine, que se ha estrenado a nivel mundial como película inaugural de la 37.ª edición del FIDMarseille, Rabah Ameur-Zaïmeche emprende un viaje hacia las raíces de un cine que desafía los prejuicios y se niega a someterse a las convenciones, pero que siempre se caracteriza por un impresionante rigor estilístico y un realismo sociológico muy concreto, sin renunciar a jugar con los géneros.
“Es un dilema: ¿salgo a la carretera en el estado en el que estoy o renuncio al viaje y pierdo el trabajo?”. Aunque está gravemente enfermo, el camionero Slimane (el siempre excelente Slimane Dazi, cuyo rostro parece esculpido en piedra) acepta una oferta muy bien remunerada: una ruta semanal hasta El Menia que le garantiza trabajo durante al menos dos años. Así, emprende el camino hacia el sur a bordo de su camión número 634, acompañado por su compañero habitual, el mecánico Smaïn (Smaïl Ameur-Zaïmeche), que toma el volante porque Slimane, pese a ser un hombre duro y experimentado, está demasiado debilitado para conducir. Los kilómetros y los paisajes se suceden, aparecen las dunas y los terrenos pedregosos, pero una emboscada espera al dúo. Despojados de todas sus pertenencias y en un estado lamentable, reciben la ayuda de una pareja que viaja en una camioneta (una investigadora interpretada por la actriz española Liah O’Prey y un músico encarnado por Sofiane Saidi), con la que se cruzan por azar en medio de un paisaje completamente desolado. Pero la muerte acecha y tendrán que encontrar una salida…
La película, que avanza de manera casi intuitiva —aunque deliberadamente articulada en torno a un hilo narrativo minimalista que presta poca atención a la lógica convencional—, logra capturar de forma admirable la atmósfera hipnótica del Sáhara, equilibrando un enfoque profundamente prosaico (la dura vida cotidiana de la unida comunidad de camioneros confinados en sus cabinas, la extrema soledad cuando surgen los problemas, la solidaridad entre quienes quedan varados, etc.) con inesperados desvíos: una improvisada jam session, una deriva entre las dunas al más puro estilo de Michelangelo Antonioni, la búsqueda de un manuscrito perdido de la escritora libertaria Isabelle Eberhardt, una carretilla elevadora providencial, un cameo de Camelia Jordana y mucho más. Todo ello se nutre de múltiples géneros: un toque de comedia en la relación entre Slimane y Smaïn, bandidos de caminos, drama y plegarias, interrogatorios dirigidos por un teniente de la gendarmería interpretado por Nabil Djedouani, una lección de historia, etc. El resultado es una mezcla que se va desplegando poco a poco y que está filmada con maestría, con un estilo depurado y unos escenarios a veces sobrecogedores. La película añade así un nuevo hito de gran calidad a la trayectoria de un cineasta que continúa recorriendo un camino totalmente independiente —con su propia productora y trabajando con recursos muy limitados—, siguiendo una senda profundamente personal (“escuece un poco, pero merece la pena”) y en una misión “hacia el sur”, donde “siempre se acaba encontrando a las personas que se quiere”. Los amantes de la libertad sabrán apreciarla.
Route Algéricaine ha sido producida por Sarrazink Productions y coproducida por Nana Prod (Argelia) y el Red Sea Fund (Arabia Saudí).
(Traducción del francés)
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