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KARLOVY VARY 2026 Proxima

Crítica: Paris Paris

por 

- Tres inmigrantes buscan la felicidad en la metrópolis francesa en la docuficción de Isabelle Tollenaere

Crítica: Paris Paris
Chen Yi-En y David Mutamba en Paris Paris

Las grandes ciudades, auténticas metrópolis, llevan siglos —por no decir milenios— atrayendo a personas procedentes tanto del propio país como del extranjero, y se han contado innumerables historias sobre ese fenómeno. Casi todas comienzan con una fascinación alimentada por una imagen idealizada del lugar, antes de desembocar en las dificultades, la lucha cotidiana y, en la mayoría de los casos, la decepción. En los dos últimos siglos, París se ha convertido en el escenario por excelencia de este tipo de relatos: muchos llegan seducidos por la imagen de la Ciudad de la Luz que han construido los libros, el cine y el arte, y solo unos pocos alcanzan a vislumbrar sus bajos fondos antes de acabar formando parte de ellos.

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Paris Paris, el debut en la ficción de Isabelle Tollenaere, que ha sido presentado en la sección Proxima de la 60.ª edición del Festival de Karlovy Vary, narra precisamente una historia de este tipo, ambientada en el entorno de inmigrantes y refugiados que intentan encontrar su propio lugar en la capital francesa. Procedente del documental, con títulos como Battles y Victoria, Tollenaere se propone contar una historia auténtica, aunque recurriendo a un enfoque algo distinto.

El escenario principal del relato —o, más exactamente, de esta colección de pequeñas historias articuladas en torno a tres personajes— es un edificio ocupado en La Défense, destinado a ser demolido. Yi-En (Chen Yi-En) asegura haber nacido y crecido en París, aunque no habla ni una palabra de francés, por lo que se matricula en un curso de idiomas, donde conoce a otras personas en una situación similar a la suya. Entre ellas está Hamzah (Mahmoud Beshtawi), un refugiado palestino que se presenta como poeta, aunque para sobrevivir vende juguetes baratos por las calles de la ciudad. Ambos entablan amistad, y Hamzah acaba instalándose en el piso que Yi-En comparte con Junior (David Mutamba), un obrero de la construcción congoleño.

Cada uno de los tres arrastra una historia diferente. La de Hamzah está marcada por la guerra y la destrucción que ha sufrido tanto él como sus vecinos y compatriotas. Junior habla de Lubumbashi, una ciudad que ha cambiado tanto que ya apenas la reconoce. Yi-En, por su parte, procede en realidad de una ciudad china construida como una réplica de París, concebida como reclamo inmobiliario. Además, Yi-En tiene la extraña costumbre de perder cosas constantemente (cuchillos, cordones de zapatos, incluso la cartera), mientras que, casi sin proponérselo, va "encontrando" seres vivos, tanto animales como personas necesitadas. Su desaparición final parece simbolizar también la desaparición del pequeño mundo improvisado que los tres habían logrado construir con los restos del mundo decadente que los rodea.

Tollenaere abre la película con un estilo de docuficción ligeramente pulido desde el punto de vista artístico, en el que actores no profesionales interpretan versiones muy cercanas de sí mismos o de los personajes que naturalmente encarnan. Un ojo y un oído entrenados pueden detectar que todo está guionizado, pero, aun así, el conjunto transmite una gran sensación de autenticidad. A ello contribuyen tanto la fotografía de Thomas Verijke, basada en una cámara completamente estática y un encuadre cuadrado de formato 4:3, como el preciso montaje de la propia directora, que dota al relato de una notable gravedad.

Sin embargo, Tollenaere es consciente de que este planteamiento tiene sus límites y decide alterar progresivamente las reglas del juego. Primero lo hace desde el guion y después desde la puesta en escena, cuando la cámara comienza lentamente a moverse alrededor de los personajes. Poco a poco emerge un humor cálido y ligeramente absurdo, mientras se hacen más evidentes las resonancias del cine urbano de Wim Wenders y de las historias de amistad entre marginados de Jim Jarmusch, donde la camaradería aparece como la única forma posible de sobrevivir. El mensaje inicial de la película no desaparece, pero deja de resultar tan directo y evidente. Aun así, Paris Paris desprende una profunda calidez humana, aunque las historias que cuenta disten mucho de ser reconfortantes.

Paris Paris es una producción belga de Menuetto Film, y las ventas internacionales de la película corren a cargo de Square Eyes.

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(Traducción del inglés)

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