Crítica: A Happy Family
por Olivia Popp
- La primera cinta suiza en la competición por el Globo de Cristal, dirigida por Jan-Eric Mack, sigue el desmoronamiento de una madre cuando colocan a sus hijos con una familia de acogida

En su debut en solitario, Jan-Eric Mack hace historia con A Happy Family, la primera película suiza seleccionada para la competición por el Globo de Cristal en el Festival de Karlovy Vary. Pese a un planteamiento sugerente, la película no logra que conectemos con la protagonista, la madre soltera Niki (Anna Schinz), en gran medida debido a un guion torpe (firmado por Schinz, Nikita Afanasjew, Eva Kienholz y el propio Mack). A lo largo de sus dos horas de metraje, A Happy Family transita del drama social al thriller y, finalmente, a lo estrambótico, mientras nuestra simpatía por Niki se va desvaneciendo a la luz de sus actos.
Agobiada, con dos trabajos y hundida en deudas por motivos desconocidos, Niki está estrechamente vigilada por los servicios sociales en lo relativo al cuidado de sus hijos, Leonie (Annalisa Ferriani) y el pequeño Jimmy (Lir Kunkel). Tras declararse un incendio en la cocina durante su ausencia, ambos son enviados a vivir al otro lado del país, bajo el cuidado de Sabine (Julia Jentsch). Desesperada, Niki acepta un empleo en la escuela de sus hijos y teje lazos con la comunidad local, haciendo lo que sea para permanecer cerca de ellos.
La desesperación de Niki como madre parece sustentarse más en el egoísmo que en el cuidado, y las situaciones disparatadas a las que llega quizá no sean lo bastante desmesuradas como para que el desenlace resulte convincente. Tras irrumpir en un edificio para averiguar dónde están sus hijos y teñirse el pelo, consigue entablar amistad con Matthias (Michael Neuenschwander), que le permite dormir en su sofá (a pesar de ser una completa desconocida). Sin embargo, A Happy Family aborda estos momentos con total seriedad, lo que confiere a la película una cierta falta de verosimilitud.
A medida que los hijos de Niki empiezan a saborear los pequeños placeres de su nueva vida, también comienzan a reconocer lo turbulento de su comportamiento y a rechazarla, lo que se convierte en el elemento más desgarrador de la película. Suiza aparece retratada de la forma más gris posible, filtrada por un prisma marcadamente obrero. En consonancia, el director de fotografía Yunus Roy Imer mantiene un tono visual sombrío durante casi todo el metraje, abriéndose solo a paisajes montañosos pintorescos cerca del final.
A Happy Family no termina de funcionar ni como retrato de un sistema que abandona a sus propios ciudadanos ni como un auténtico estudio de personaje. El guion parece empeñado en forzar una resolución armónica en un relato que nunca estuvo llamado a terminar así, conformándose con un mensaje aspiracional al estilo de "las cosas acabarán arreglándose". Si la película nos hubiera permitido acercarnos más al conflicto de Niki y sentir de forma más tangible el amor que profesa a sus hijos, quizá habríamos aceptado mejor un cierre de tono tan peculiar.
A Happy Family es una producción de la suiza C-Films AG. Bendita Film Sales se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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