Crítica: Todo es cárcel
por Alfonso Rivera
- Eloy Enciso combina documental, historia y ficción para investigar y denunciar los olvidados campos de concentración del franquismo tras la guerra civil española

Compite esta semana en la sección oficial internacional a concurso del 37.º FIDMarseille la nueva película de Eloy Enciso (Arraianos, Longa noite), titulada Todo es cárcel. El film se erige sobre el relato de unas cartas reconstruidas a partir de testimonios reales de supervivientes de los campos de concentración franquistas. Dos centenares de cárceles, tanto para hombres como para mujeres, que apenas ha abordado el audiovisual español, exceptuando las reconstrucciones históricas llevadas a cabo en la serie Las noches de Tefía (sobre un centro de detención de homosexuales en la isla de Fuerteventura), o el largometraje San Simón (asentada en la isla del mismo nombre, ubicada en la Ría de Vigo).
La cinta es el resultado de una dilatada investigación planteada a través de estrategias híbridas que combinan ficción y documental. Además, Enciso ha construido una película que permite a sus personajes, paisajes y edificios respirar, dejando que su cámara se pose en ellos sin prisa, dilatando tiempos y situaciones hasta límites que el público adicto a la rapidez puede llegar a detestar. El suyo es un trabajo que empuja –como sus anteriores films– a la meditación, la lectura entre líneas y la naturalidad más radical, esa que se zambulle armoniosamente en la no ficción a pesar de que la película está construida como una ficción.
Todo es cárcel presenta a una fotógrafa (encarnada por la bailarina de danza contemporánea Elsa Pereira) que habitualmente vive en Berlín, pero recorre en solitario, en tren y en coche, España (enclaves como Alicante, Madrid o Burgos, entre otros) capturando imágenes de lugares; ya que prepara un proyecto documental centrado en los campos de concentración franquistas, apoyándose en la trágica historia de Carmen y Ángel, dos amantes separados por la guerra, a quienes pone voz con ayuda de otros actores naturales, a quienes selecciona allí donde llega. Pero la noticia del fallecimiento de un familiar y la necesidad de repartir su herencia entre sus diferentes (en todos los sentidos) primos la obliga a interrumpir su trabajo y retomar el contacto con su distanciada familia en Galicia.
De este modo, Todo es cárcel (película dialogada en gallego y castellano) se bifurca alternativamente en diferentes historias. Una de ellas es la de la cineasta/investigadora (alter ego del propio director) escarbando en el pasado semioculto de un país aquejado de silencio crónico, otra es la de esos amantes que no lograron culminar su relación, brutalmente amputada por el fascismo (que oímos casi siempre como voz en off), y la última, la de esa familia reunida forzosamente en torno a un difunto, trasunto también de un país cainita al que le cuesta ponerse de acuerdo para gestionar su herencia (más que material, moral).
Todo es cárcel es una producción de Filmika Galaika y Umbracle Cinema. De su distribución en España y ventas internacionales se ocupa La Machina.
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