Crítica: Rain Catcher
- Michele Fiascaris convierte el Londres nocturno en un seductor laberinto de vigilancia en un estilizado neo-noir sobre el voyeurismo, la obsesión y la traición de las imágenes

Londres rara vez ha lucido tan seductora, o tan amenazante, como en Rain Catcher, el primer largometraje de Michele Fiascaris, una obra de sólida factura visual. Desarrollándose casi por completo tras la caída de la noche, este sinuoso neo-noir transforma las torres de hormigón, las pasarelas elevadas y las ventanas iluminadas del Barbican en un laberinto urbano donde la observación da paso rápidamente a la obsesión. La película se proyectó este año en la competición Proxima del Festival de Karlovy Vary.
Dudley O’Shaughnessy interpreta a Miles, un fotógrafo clandestino que merodea por las calles de la capital y se asoma a las casas de desconocidos con un teleobjetivo. Al publicar las imágenes resultantes de forma anónima como "Rain Catcher", ha conseguido una enorme audiencia en internet sin alcanzar nada que se parezca a la estabilidad económica. Su práctica habita un territorio ético turbio: Miles puede presentarse como un artista que documenta la vida oculta de la ciudad, pero su éxito depende de vulnerar la intimidad de personas que nunca han accedido a convertirse en sujetos de sus obras.
El equilibrio de poder cambia cuando Miles empieza a encontrar a la misma mujer misteriosa, interpretada con una formidable economía de recursos por Kate Dickie, agazapada en sus fotografías. Pronto, su identidad queda expuesta, su trabajo es saboteado y las personas de su entorno parecen estar en peligro. El voyeur se ha convertido en espectáculo, obligado a experimentar la vulnerabilidad que tan a la ligera imponía a los demás.
Fiascaris y el coguionista Filippo Polesel amplían la historia de su cortometraje de 2018 hasta convertirla en un denso thriller psicológico que transita entre la intriga criminal, el terror urbano y una experiencia subjetiva cada vez más inestable. Las comparaciones con La ventana indiscreta y Blow-Up son casi inevitables, mientras que el progresivo derrumbe de la frontera entre sueño, alucinación y realidad empuja la película hacia un territorio más lynchiano. Aun así, Rain Catcher posee suficiente personalidad como para no limitarse a un mero ensamblaje de referencias.
Buena parte de esa identidad procede de la fotografía de Evgeny Sinelnikov. Los reflejos de neón, las superficies empapadas por la lluvia y las vistas vertiginosas convierten Londres en una ciudad que parece a la vez inmensa y claustrofóbica. Los trepidantes movimientos de cámara y la alienante banda sonora electrónica, obra de Aeph, sumergen al espectador en la percepción cada vez más deteriorada de Miles sin revelar de inmediato qué amenazas son reales. O'Shaughnessy ancla estos alardes estilísticos con una interpretación entregada, convirtiendo a Miles en un personaje moralmente cuestionable, pero reconociblemente humano, más que simplemente repulsivo.
El guion acusa por momentos el peso de sus giros. La relación incipiente entre Miles y su enérgica vecina Yumi, interpretada por Jessie Mei Li, requiere aceptar varias concesiones narrativas, mientras que algunos personajes secundarios funcionan más como piezas del enigma que como individuos plenamente desarrollados. El diálogo también puede resultar demasiado explícito al articular las ideas de la película sobre la explotación, la fama y el valor comercial de la polémica.
Aun así, Fiascaris mantiene en gran medida el control de la narración, dosificando la información a un ritmo que mantiene el misterio sin reducirlo a un rompecabezas mecánico. Bajo su pulida superficie de cine de género, Rain Catcher propone una incisiva exploración de las imágenes como instrumentos de posesión: quién tiene derecho a mirar, quién se beneficia de ser visto y qué ocurre cuando la cámara se vuelve contra su propio operador. Estilizada, inquietante y sostenida por interpretaciones sólidas, la cinta confirma a Fiascaris como un cineasta de género con un notable dominio técnico y ambición.
Rain Catcher es una producción de las británicas Yellow Pill Films Ltd y Featuristic Films. Cercamon se ocupa de las ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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