Crítica: The Cord
por Vladan Petkovic
- La ópera prima documental de la cineasta francesa Nolwenn Hervé sigue a una combativa mujer que ayuda a embarazadas en el fallido sistema sanitario de Venezuela

La cineasta y periodista francesa Nolwenn Hervé ha cubierto acontecimientos políticos y sociales en Latinoamérica durante los últimos diez años. Ahora ha dirigido su primer largometraje documental, The Cord, que se ha estrenado a nivel mundial en el CPH:DOX y ha recibido una Mención Especial en la competición DOX:AWARD (ver la noticia aquí). La película, que está ambientada en Venezuela, estudia el deteriorado sistema de salud pública del país a través de la historia de Carolina, una activista de mediana edad que ayuda a mujeres embarazadas.
La cinta comienza en el lago de Maracaibo, con plataformas petrolíferas meciéndose en el agua mientras aparecen intertítulos que explican cómo Venezuela, en su momento, fue un país próspero que dependía de sus reservas petroleras y cómo ahora es un país en el que la asistencia sanitaria es más bien un recuerdo lejano. La cámara entonces hace un paneo sobre una serie de mansiones derruidas, subrayando la ruina económica del país en la última década ocasionada por una combinación de sanciones económicas y agitación política.
La mayor parte del filme sucede en un coche, con Carolina y su asistente y conductora de confianza, Yanni, recogiendo a mujeres embarazadas e intentando conseguirles asistencia médica básica. Los hospitales públicos no tienen personal ni equipamiento suficiente y no admiten pacientes si no traen sus propios suministros: desde guantes quirúrgicos y jeringuillas hasta fentanilo, bolsas de sangre y solución salina. La propia hija de Carolina está embarazada (su marido se acaba de mudar a EE. UU., como la mayoría de los doctores experimentados del país) y un plan privado tendría un coste de $700. El sueldo mínimo en Venezuela es de unos 3,50 € mensuales.
En su coche, Carolina lleva a estas mujeres embarazadas de hospital en hospital y de farmacia en farmacia, además de ponerlas en contacto con donantes privados y distintas ONG (ella misma gestiona una fundación a través de la cual recauda dinero y otras formas de ayuda). Siempre está en una carrera contrarreloj: mientras que cada caso es distinto, lo que no cambia es que las vidas de las mujeres y sus bebés por nacer están en peligro mortal. También conduce por la ciudad después de recibir una donación, preguntándole a mujeres al azar por la calle si quieren colocarse dispositivos intrauterinos y apiñándolas en el coche.
A lo largo de la película, el espíritu de Carolina parece indomable. Como antigua líder de una pandilla (algo de lo que habla abiertamente), la activista es testaruda y provocativa, sobre todo cuando está un poco borracha (como sucede después de un desfile de belleza surrealista para chicas preadolescentes). Sin embargo, siempre muestra su apoyo, demostrando una fortaleza emocional extraordinaria. Incluso así, rompe en llanto cuando el bebé de una mujer muere en el vientre al no ser tratada por ningún médico durante dos semanas. Carolina monta una protesta en el hospital y los periodistas acaban llegando. En realidad solo va uno, pero se acaba corriendo la voz gracias a la constante actividad en redes sociales de la fundación.
La misma Hervé se encargó tanto de rodar las imágenes como de grabar el sonido, desde el asiento de acompañante en el coche de Carolina o a pie, y el material transmite una sensación de intimidad cruda e inmediatez. El largometraje, montado por Rafael Torres Calderón, es denso y dinámico, dejando poco espacio para la banda sonora. Dos escenas tranquilas en el lago de Maracaibo ofrecen un respiro frente a la incesante carrera, pero incluso estas apenas tienen cabida dentro de los 99 minutos de duración.
El filme, que resulta tan inspirador como demoledor y está impulsado por una protagonista arrolladora, también logra trascender su enfoque minucioso para abarcar un panorama más general: el contexto social, político e histórico no se detalla, sino que emerge a través de los personajes y los acontecimientos. La dimensión histórica queda reflejada en el precioso final, que incluye una matrona nativa con conocimientos ancestrales sobre el legado wayuu de la propia Carolina, conectando directamente con el título de la cinta.
The Cord es una producción de Grande Ourse Films (Francia).
(Traducción del inglés por Elena Llorca Pérez)
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