Crítica: Gaua
por Giorgia Del Don
- Paul Urkijo Alijo se nutre del folclore y de la tradición oral vasca para regalarnos una historia de amor prohibido que trasciende lo real

Como uno de los principales referentes del folk horror español, un subgénero que revisita mitos y leyendas locales —en este caso, del País Vasco—, el director Paul Urkijo Alijo vuelve a demostrar su talento innato con Gaua. Su tercer largometraje en euskera es una auténtica oda a la tradición oral, transmitida sobre todo por las mujeres, que reinterpreta con inteligencia y sutileza, preservando su identidad al tiempo que la libera de una asfixiante capa de moralismo. Gaua, que significa “la noche”, se ha estrenado a nivel mundial en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges antes de proyectarse en el IFFR y, más recientemente, competir por el Narciso de Oro H.R. Giger en la competición internacional del Festival Internacional de Cine Fantástico de Neuchâtel (NIFFF).
La película, ambientada en el siglo XVII, narra —o, mejor dicho, recrea— la leyenda de la guerra entre el día y la noche, la luz y las tinieblas, el bien y el mal. La joven esposa Kattalin (interpretada con intensidad por Yune Nogueiras) se adentra en la oscuridad de un bosque habitado por criaturas misteriosas e inquietantes, decidida a recuperar las riendas de su vida en una época en la que las mujeres eran perseguidas sistemáticamente bajo acusaciones de brujería. Gaua, que constituye un fascinante cuento gótico poblado por extraños seres que lucen el característico tocado ojival propio de las mujeres vascas de la época, revela muy pronto todo su potencial revolucionario a través de la historia de amor entre su protagonista y su mejor amiga, Maritxu (Erika Olaizola). Maritxu, poseída por un espíritu que descubrimos pertenece a su abuelo —regresado para atormentarla y castigarla por su supuesto e innoble pecado—, muere en circunstancias atroces, dando a Kattalin la fuerza necesaria para recuperar su libertad. El precio que deberá pagar por liberarse de las imposiciones sociales será mirar a los ojos a Gaua, la luna, sin perderse por completo en ella.
Acompañando a Kattalin en este viaje hacia las tinieblas aparecen tres misteriosas mujeres a las que conoce durante su huida: Graxiana (Elena Irureta), Beltra (Ane Gabarain) y Reme (Iñake Irastorza). Las tres mujeres, convertidas en una especie de protectoras de la protagonista, comparten con ella un profundo anhelo de libertad y la necesidad de expresar abiertamente sus deseos sin temor a ser tachadas de brujas. Porque, en aquella época, bastaba el más mínimo pretexto para condenar a una mujer a la hoguera y silenciarla para siempre. Sin caer en los estereotipos que suelen lastrar tantas películas sobre brujería, con su abuso de efectos especiales y pociones mágicas, Gaua permanece firmemente anclada en la tradición de la que bebe, explorando la oscuridad con valentía y determinación. La película, enriquecida por una banda sonora dominada por las percusiones, que sacuden al espectador en lo más profundo, ofrece una historia de amor prohibido que recuerda por su fuerza a Retrato de una mujer en llamas, de Céline Sciamma.
La inquietante, conmovedora Gaua, que posee una poderosa belleza visual, consigue sumergir al espectador en un universo profundamente arraigado en la cultura vasca, al tiempo que lo transforma en un relato de alcance universal: una necesidad visceral de libertad con la que cualquiera —y, muy especialmente, cualquier mujer— puede sentirse identificado.
Gaua ha sido producida por Irusoin, Ikusgarri Films y Gaua AIE. Filmax se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del italiano)
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