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KARLOVY VARY 2026 Proxima

Crítica: Homo Sive Natura

por 

- Giovanni C. Lorusso convierte un robo de tierras en Camboya en un estudio contundente y de rigor visual sobre un colonialismo que pervive después de que los colonizadores hayan desaparecido

Crítica: Homo Sive Natura
Mony Ros en Homo Sive Natura

Un empresario anónimo (Mony Ros) llega a los bosques de Ratanakiri presentándose como un turista inofensivo, ansioso por entrar en contacto con una comunidad indígena a la que describe sentimentalmente como sus "hermanos". Su verdadera tarea es considerablemente menos benigna: lo han enviado desde Phnom Penh para recopilar información que pueda facilitar la expropiación de sus tierras. En lugar de convertir esta premisa en un relato convencional, Homo Sive Natura, de Giovanni C. Lorusso, que tuvo su estreno mundial en la competición Proxima del Festival de Karlovy Vary, explora cómo esa misión acaba transformando tanto su relación con la comunidad como su percepción del lugar que ocupa dentro de una estructura económica más amplia.

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La trayectoria de Lorusso en la no ficción es patente de principio a fin y, en gran medida, juega a favor de la película. La cámara observa antes de interpretar, permitiendo que los gestos, las rutinas y los espacios físicos soporten buena parte del peso narrativo. El diálogo es escaso, pero eficaz, y los silencios resultan a menudo más reveladores que los intercambios explícitos. Este enfoque también evita que la comunidad local funcione meramente como un telón de fondo exótico para la crisis moral del protagonista: su existencia conserva una dignidad que desborda su limitada perspectiva, aunque la película permanezca principalmente anclada en el punto de vista del empresario.

La cuidada fotografía, a cargo del propio realizador, está dominada por los verdes y los grises en las secuencias exteriores. El bosque no se idealiza como un paraíso virgen ni se reduce a una naturaleza amenazante; se presenta como un espacio húmedo, matérico y reacio a dejarse dominar fácilmente. En interiores, las estancias tenuemente iluminadas y un marcado claroscuro generan una atmósfera más constreñida, sugiriendo espacios en los que las verdaderas intenciones se ocultan y el poder se ejerce de forma indirecta. En sus momentos más contemplativos, la película encuentra una tensión eficaz entre la aparente permanencia del paisaje y la violencia inminente de su mercantilización.

La idea más incisiva del trabajo de Lorusso gira en torno a una suerte de colonización interna. El protagonista es, sin duda, un explotador, pero también es explotado por la empresa que lo emplea. Puede servir de rostro humano de la desposesión, pero no es su arquitecto ni su principal beneficiario. Es posible que los antiguos colonizadores hayan abandonado el territorio, pero sus mecanismos han sido asimilados por la sociedad contemporánea y reproducidos a través de las corporaciones, los intermediarios locales y el lenguaje del desarrollo. Lorusso evita sabiamente convertir esta contradicción en un sencillo arco de redención o en un ejercicio simplista de búsqueda de culpables.

Con sus 116 minutos de duración, Homo Sive Natura puede resultar exigente. Su ritmo deliberado diluye ocasionalmente la presión dramática, y ciertos pasajes corren el riesgo de reiterar ideas ya establecidas. Con todo, su registro naturalista, próximo al slow cinema, se adapta de forma natural a una historia sobre la intrusión, la observación y la paulatina corrosión moral. La duración de la película invita al espectador a habitar un ritmo profundamente opuesto a la lógica extractiva que amenaza a la comunidad.

Hablando en términos realistas, estamos ante una obra cinematográfica curiosa e inflexible, cuyo limitado impulso narrativo y su forma austera pueden dificultar su circulación más allá de los festivales o los circuitos especializados. Sin embargo, unas perspectivas comerciales restringidas no deben confundirse con un menor valor artístico: Lorusso ha firmado una pieza reflexiva y visualmente lograda que entiende el colonialismo no como un episodio histórico concluido, sino como un sistema capaz de cambiar de manos sin cesar.

Homo Sive Natura es una producción de Revok (Italia) en coproducción con Labo GCL (Italia). La sueca Antidote se encarga de las ventas internacionales de la película.

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(Traducción del inglés)

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