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PELÍCULAS / CRÍTICAS Estados Unidos / Reino Unido

Crítica: La odisea

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- La adaptación de Christopher Nolan de la epopeya de Homero cumple con la grandeza que promete y, además, propone un comentario metatextual tan inesperado como gratificante

Crítica: La odisea
Matt Damon y Zendaya en La odisea

No estamos ante un viaje del héroe. En su esperadísima adaptación de Homero, La odisea, que Universal empieza a estrenar en salas de todo el mundo el 15 de julio, Christopher Nolan sueña con una belleza poética, proyectándose hacia las alturas para intentar tocar el cielo con la punta de los dedos y con sus cámaras IMAX de 70 mm. La película captura una pizca de ese fulgor divino cuando consigue recordarnos una mitología cuya grandeza solo puede convocarse plenamente en la mente. Esos momentos en pantalla tienen más que ver con despertar una emoción desbocada en el espectador que con mostrarla a través de los personajes mortales, anclados a la tierra, de la película.

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"Renuncia a la lucha, abandona el control y vive", sugiere la ninfa Calipso (Charlize Theron) a Ulises (Matt Damon) mientras este continúa su viaje de regreso a Ítaca. Se trata de un resumen certero de los momentos en los que la película aspira realmente a la grandeza cinematográfica, guiada por el director de fotografía Hoyte van Hoytema, en su expresión más primitiva y arrasada por los elementos. Nolan alcanza la hazaña épica prometida durante unos fugaces instantes de sublime intensidad torrencial y tormentosa: cuando olas pavorosas sacuden la pantalla y el encuadre se llena de extrañas geometrías de cuerpos contorsionados y tierra desgarrada.

El cineasta deja que el discurso de internet sobre las decisiones de casting y el lenguaje coloquial se diluya rápidamente en el mar color de vino. Sin embargo, para quienes conocen bien el texto, sus recortes pueden resultar un trago difícil de aceptar. Varias situaciones potencialmente deslumbrantes quedan relegadas a breves secuencias de llegada a la costa, encuentro con un obstáculo y huida rápida. Los característicos flashbacks intermitentes de Nolan resultan en ocasiones una explicación excesiva en un relato que ya está contado de forma no cronológica.

Quizá lo que genera más dudas sea el Ulises de Damon, cuyo intelecto y astucia icónicos aparecen curiosamente desdibujados. Si como héroe de acción resulta menos convincente, como líder reflexivo y decidido sale mucho mejor parado. Anne Hathaway emerge como la auténtica robaescenas en la piel de Penélope, esposa de Ulises, aprovechando un diálogo seco y expositivo durante la primera media hora para convertirse después en la figura más intrigante de la película. A Robert Pattinson le cuesta asentarse en su papel del desdeñoso y quejumbroso pretendiente de Penélope, Antínoo, pero acaba floreciendo pese a lo monolítico del personaje. Tom Holland también convence como Telémaco, cuya juventud impetuosa, como hijo de Ulises, aflora en cada pequeño ceño fruncido y cada queja.

Evocando la técnica de Hildur Guðnadóttir para crear el paisaje sonoro de la serie Chernobyl (la manipulación de inquietantes ruidos capturados dentro de un reactor nuclear, con la que la compositora islandesa ganó un Grammy), la partitura del ganador de tres Oscar Ludwig Göransson se convierte, literalmente, en el corazón palpitante y trascendente de la película. Ritmos de incontables timbres, ruidos ambientales percusivos y melodías corales descomunales atraviesan la obra sin descanso, mientras que los créditos también señalan a solistas que interpretan tres instrumentos antiguos: el aulós, el fyell y la lira. El compositor sueco conjura una partitura que parece emanar de las propias entrañas de la Tierra: aúlla, corre, busca y combate junto a Ulises y sus hombres.

Curiosamente, el blockbuster del año tiene más que ver con las pequeñas epifanías del ser humano: Ulises, héroe de guerra, abatido por la lucha, la pérdida, el fracaso y la hibris, tras una vida vivida quizá en gran medida por los motivos equivocados. Adoptando un ángulo levemente penitente, Nolan apunta al contexto patriarcal del relato mediante fogonazos de justa indignación de sus personajes femeninos: el dolor y la rabia de Penélope como reina no reconocida y cosificada; los relatos de la bruja Circe (Samantha Morton) sobre violaciones y saqueos perpetrados por soldados, e incluso los gritos mudos de terror de la diosa Atenea (Zendaya), mientras Troya arde a su alrededor.

Con todas las críticas que el cineasta ha recibido por el lugar que ocupa la mujer en su obra, resulta gratamente sorprendente comprobar cómo la segunda mitad de La odisea gira en esta dirección. Quizá sea excesivo calificarla de lectura feminista, pero su inspiración en la traducción de Emily Wilson parece evidente. Es el propio acto de autoconciencia de Ulises sobre su infame engaño en tiempos de guerra (el Caballo de Troya) y sobre su poder sobre ejércitos que cometen actos indecibles lo que permite al cineasta descargar un golpe final sorprendentemente perspectivista. Cuando Ulises se inclina hacia el antiheroísmo, la película se convierte por fin en la La odisea de Nolan.

La odisea es una producción de la estadounidense Universal Pictures y de la productora de Nolan, la británica Syncopy.

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(Traducción del inglés)

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