Crítica: The Story of Documentary Film: 1980s
por Savina Petkova
- Mark Cousins nos invita a acompañarle en un emocionante viaje en clave de road movie por el cine documental de los años ochenta en la nueva parte de su epopeya de 16 horas

Hay muchas maneras de contar la historia del cine: cronológicamente, temáticamente o teleológicamente, por citar solo algunas, pero el mero acto de articularla en forma de relato suele implicar tomar distancia de ella. Por eso el cineasta norirlandés Mark Cousins es idóneo para relatar la historia del cine como arte, como ya hizo en su monumental The Story of Film: An Odyssey (2011), Women Make Film: A New Road Movie Through Cinema y The Story of Film: A New Generation, entre muchos otros ensayos fílmicos que confiesan su amor sin límites por el medio audiovisual. Cousins estrenó la primera sección de su obra de 16 horas The Story of Documentary Film en Sundance y Berlín. Tras la presentación del capítulo dedicado a los años setenta en Cannes Classics, la última sección mostrada hasta la fecha, The Story of Documentary Film: 1980s, se estrenó mundialmente en Karlovy Vary y acaba de proyectarse en el Festival Internacional de Cine del Albaricoque de Oro, donde el director recibió un premio especial (ver la noticia).
La historia del cine se presta a un relato cronológico, pero ¿significa eso que el documental deba contarse también de ese modo? Desde su nacimiento, el cine ha registrado el mundo tal como es y tal como parece, pero el desarrollo del documental como una forma cinematográfica en sí misma (y no como un género o un movimiento) no puede resumirse en una sucesión lineal de hitos. Cousins emprende un viaje por el pasado y mantiene una trayectoria delimitada década a década, pero su intervención tiene más que ver con los temas que con la evolución de la forma. En The Story of Documentary Film: 1980s empieza evocando 1989: el Muro de Berlín convertido ya en pasado, un fantasma que acecha al Berlín contemporáneo en las nítidas imágenes digitales rodadas por el propio director. Invoca así el fantasma de lo no visto como factor definitorio de la década, apoyándose en la naturaleza de un cuaderno de viaje fílmico, un periplo a través del tiempo y el espacio anclado en fragmentos y comentarios.
Aunque esto sea “marca de la casa de Mark Cousins” (los movimientos de aproximación y alejamiento de las secuencias, el análisis minucioso, las preguntas que su voz en off, serena e inquisitiva, dirige a los personajes y a las propias películas), la manera en que la cinta aborda el legado funciona de maravilla en este capítulo. La primera hora examina los cambios sociales y los vaivenes políticos, como el feminismo de segunda ola, el movimiento Solidaridad, la crisis del sida y mucho más, entrando y saliendo constantemente de documentales producidos en todo el mundo. Por breve que sea el tiempo que dedica a cada película, Cousins presta una enorme atención a los detalles, ya sea la atmósfera, el encuadre, la dignidad sostenida de los personajes o el papel del espectador. Lo que podría verse como un defecto de su método, la subjetividad con autoridad con la que habla, abre metafóricamente al público películas rara vez vistas. En ese sentido, Cousins presta atención al canon y a lo excluyente que este puede llegar a ser.
En la segunda hora del capítulo nos asomamos a los “detective docs” de los años ochenta, un término paraguas que permite a Cousins ampliar el léxico de sus “road movies a través de la historia del cine”, al tiempo que investiga las exigencias de veracidad que se imponen al documental. Resulta refrescante ver estos temas abordados mediante una apelación poética que roza lo frívolo. El cineasta se dirige a las películas con naturalidad y asombro, como quien habla con un amante de toda la vida. Y, aun así, cada pieza de este proyecto gigantesco está calibrada y cumple una función estructural: no hay lugar para la ligereza cuando uno se arrodilla ante el altar del cine.
The Story of Documentary Film es una producción de la compañía Hopscotch Films, con sede en Glasgow, mientras que Dogwoof se encarga de sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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