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GIFFONI 2026

Crítica: Nipster

por 

- El sólido debut en el largometraje de Sunniva Eir Tangvik Kveum convierte la soledad adolescente y el reclutamiento ecofascista en un thriller tenso y plenamente contemporáneo

Crítica: Nipster
Saga Stenman en Nipster

En el centro de la ópera prima de Sunniva Eir Tangvik Kveum, Nipster, encontramos a Chris, una joven de diecisiete años (Saga Stenman) qque se siente insignificante, aislada y cada vez más impotente ante un mundo que aparentemente se desliza hacia la catástrofe. Tras un conflicto en su escuela de equitación, acepta la invitación de su amiga Maja para asistir a un campamento de verano para jóvenes comprometidos con el medio ambiente. En el entorno rural sueco, entre actividades comunitarias y promesas de impacto real, Chris encuentra el sentido de propósito que le faltaba. Sin embargo, los ideales ecológicos del grupo van revelando poco a poco una agenda racista y ecofascista, cada vez más dirigida contra un centro de refugiados cercano.

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Estrenada mundialmente en el BUFF de Malmö y proyectada recientemente en la competición Generator +15 de Giffoni, Nipster toma su título de la contracción de "Nazi" y "hipster": extremistas que sustituyen el estereotípico uniforme skinhead por ropa a la moda, una conciencia medioambiental y un vocabulario aparentemente progresista. Esta contradicción proporciona a la película su idea más inquietante: la radicalización no entra necesariamente en la vida de Chris a través de figuras abiertamente amenazadoras, sino que llega disfrazada de amistad, activismo y una tranquilizadora sensación de utilidad.

Kveum y la guionista Sarah Olsson entienden que Chris no necesita, de entrada, compartir las convicciones más abyectas de la organización; le basta con disfrutar de ser vista. En consecuencia, su conversión política se desarrolla a través de concesiones graduales: momentos en los que se reprime el malestar, la crueldad se reinterpreta como necesidad y la lealtad al grupo se vuelve más importante que el juicio individual. Stenman ofrece una interpretación contenida y convincente, que permite que el hambre de aprobación de Chris y su creciente desasosiego moral coexistan sin reducirla a víctima o fanática.

El reparto juvenil y adulto conforma un conjunto inusualmente bien engrasado, que sostiene una atmósfera en la que la jerarquía sigue siendo palpable incluso durante conversaciones aparentemente casuales. Los reclutadores resultan persuasivos precisamente porque no se presentan como villanos caricaturescos. Sus métodos se apoyan en la intimidad, la repetición y la presión emocional, mientras que los participantes más jóvenes reproducen su lenguaje para asegurarse su propio lugar dentro del grupo.

Con apenas 78 minutos de metraje, la película avanza con una economía de medios admirable. La montadora Emma Lagrelius mantiene un ritmo que se acelera de forma sostenida, mientras que la segura dirección de fotografía de Jan Bastian Muñoz Marthinsen explota la contradicción entre la belleza del entorno rural y la amenaza que crece en su interior. Kveum también intercala en el relato una dosis cuidadosamente medida de lenguaje e imaginería de las redes sociales. Estas irrupciones nunca se convierten en un mero recurso estilístico, sino que logran que la violencia ideológica parezca omnipresente, escenificada y perturbadoramente fácil de consumir.

A medida que las intenciones del grupo se vuelven explícitas, Nipster roza por momentos el terror psicológico. Los espacios cotidianos adquieren una inquietud propia de una secta, y la sensación creciente de que algo irreversible está a punto de desencadenarse resulta más perturbadora que cualquier mecanismo de suspense convencional. Cuando la violencia irrumpe, Kveum no le ahorra nada al espectador ni cae en el sensacionalismo: hacer visible esa violencia resulta esencial para perforar la retórica seductora que la precedía.

La concisa duración de la película hace que algunos personajes secundarios y ciertas transiciones ideológicas apenas queden esbozados. No obstante, esa contención también evita que la película se convierta en un catálogo didáctico del extremismo contemporáneo. Es una elección temática valiente para una ópera prima, que exige un reparto amplio y un difícil equilibrio tonal entre drama juvenil, advertencia política y thriller, pero Kveum la maneja con notable seguridad. En una época en la que los movimientos extremistas han aprendido a canalizar el odio a través de las estéticas y las ansiedades de las generaciones más jóvenes, Nipster no solo resulta oportuna, sino también alarmantemente verosímil.

Nipster es una producción de Carbs Film (Suecia) coproducida por Film i Skåne (Suecia).

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(Traducción del inglés)

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