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LOCARNO 2026 Piazza Grande

Crítica: Les yeux verts

por 

- El segundo largometraje de Fanny Liatard y Jérémy Trouilh narra la historia de una familia de inmigrantes que se enfrenta a la angustia de una expulsión inminente

Crítica: Les yeux verts
Douae Butarbuch M’Zaouki y Sayyid El Alami en Les yeux verts

Los directores franceses Fanny Liatard y Jérémy Trouilh, siempre interesados en explorar la realidad social que los rodea, con sus paradojas, sus injusticias y sus inesperados momentos de ternura, han decidido centrar su segundo largometraje, Les yeux verts, presentado en la sección Piazza Grande del Festival de Locarno, en todas aquellas personas que viven con el miedo a ser devueltas a un país en guerra que ya no reconocen como suyo. Los protagonistas de la película son Chaya, de 11 años (la joven Douae Butarbuch M’Zaouki), su hermano Nour (Sayyid El Alami) y su padre (Omar Aljbaai). A su alrededor planea el fantasma de la madre, de la que nadie tiene fuerzas para hablar de lo grande que es el dolor por su pérdida. Sin embargo, a pesar de los traumas que ensombrecen su vida cotidiana, la seguridad y el apoyo que han encontrado en la región francesa de Las Landas les permiten mirar al futuro con un mínimo de confianza. Hasta que reciben una carta en la que se les informa de que su solicitud de asilo ha sido rechazada. Es un nuevo golpe que sume a Nour en un sueño profundo e inexplicable.

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Tras haber atravesado el infierno y disfrutado durante tres años de una nueva sensación de serenidad, Chaya, Nour y su padre se enfrentan al riesgo de perderlo todo: su hogar, su seguridad y a las personas que quieren, especialmente al rebelde e idealista Benjamin (interpretado por el actor suizo Arcadi Radeff) y a su abuela Mamé, en cuya casa Chaya y Nour se refugian, sabiendo que allí nadie los juzgará. A merced del sistema francés, los protagonistas siguen adelante, permaneciendo unidos y tratando de contener un miedo que se va infiltrando en todos los ámbitos de sus vidas. Para poder quedarse en Las Landas, que consideran su nuevo hogar, se ven obligados a contar hasta el último detalle de una vida llena de decepciones y traumas tan terribles que resultan imposibles de expresar con palabras. Cuando este sueño también se hace añicos, Nour decide dejar de luchar y se sumerge en un sueño profundo e inexplicable, conocido científicamente como “síndrome de resignación”. Se trata de una especie de coma que puede durar varios años y que afecta a menudo a personas migrantes obligadas a abandonar el territorio al que han llegado después de arriesgar sus vidas. Es una forma de hibernación, de renuncia consciente o de pausa necesaria para poder gestionar un dolor demasiado intenso para ser soportado.

Los dos hermanos, incapaces de seguir creyendo en la realidad a la que se enfrentan, se refugian poco a poco en un mundo mágico caracterizado por objetos de la suerte, señales de advertencia y un profundo vínculo con la naturaleza que los rodea y que los acoge sin restricciones. Al principio, Nour consigue mantener a raya las pesadillas que lo atormentan gracias a los dibujos que guarda en su cuaderno, pero cuando le deniegan el permiso de residencia, todo se desmorona y sus esperanzas se desvanecen. Es un nuevo trauma, la gota que colma el vaso, que no le deja otra opción que apartarse del mundo y refugiarse en los sueños que habitan su subconsciente. Chaya, decidida a despertar a Nour y devolverlo a la realidad del presente, se adentra también en sus sueños, de modo que emprende un viaje extremadamente peligroso del que quizá nunca consiga regresar.

La película, que se muestra como espantosamente real, pero también impregnada de simbolismo, intenta dar forma a un dolor que a menudo resulta indescriptible, a una herida tan profunda que ya no puede curarse. Cuando la realidad deja de ser soportable, la mente debe refugiarse en otro lugar, en los sueños o en paraísos artificiales. Es una forma de resiliencia que trasciende la realidad y transporta a estos durmientes muy lejos, a un lugar donde, aunque solo sea por un instante, las fronteras dejan de existir.

Les yeux verts ha sido producida por las francesas June Films y Haut et Court junto a la belga Les Films du Fleuve y la sueca Hobab. La parisina Kinology se encarga de las ventas internacionales.

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(Traducción del italiano)

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