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Crítica: Ketticè

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- El segundo largometraje de Giovanni Tortorici aborda la desafección adolescente en un sofocante Palermo, pero su relato de iniciación resulta algo errático

Crítica: Ketticè
Salvatore Gallina y Monica Bellucci en Ketticè

Palermo, 2012. Giulio, de dieciséis años (Salvatore Gallina), tan solo parece interesado en conducir su minicoche, el fútbol, las chicas, los porros y perder el tiempo con sus amigos. El instituto no le entusiasma, el futuro apenas existe y la comunicación con sus padres prácticamente no existe. Entonces conoce a Ketty (Rachele Testagrossa), una joven obstinada con quien entabla una amistad cada vez más exclusiva. Este es el planteamiento (laxo y poco original) de Ketticè, el segundo largometraje de Giovanni Tortorici tras su debut Diciannove, estrenado en la sección Orizzonti de Venecia. A menudo, la película, presentada a competición en el 79.° Festival de Locarno, parece menos una obra acabada que el confuso primer borrador de varias películas distintas.

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Tal vez haya algo genuino en esa falta de estructura. Tortorici retrata a adolescentes en un Palermo culturalmente estancado, chavales sin ningún lugar especialmente urgente adonde ir: chicas violentas y chicos perezosos que fuman porros, hacen gamberradas, tontean y se gritan unos a otros. Sin embargo, lo que al principio puede parecer un intento de reproducir la deriva adolescente pronto se convierte en un problema en sí mismo: la mayoría de estos personajes secundarios siguen siendo intercambiables y están casi por completo desprovistos de profundidad.

Incluso la relación entre Giulio y Ketty apenas está esbozada. Fuman juntos, se cuentan alguna que otra confidencia y, al parecer, se vuelven inseparables, pero Ketticè nunca termina de establecer de dónde surge su vínculo, hacia dónde se dirige o si su ambigüedad ocasional podría derivar en otra cosa. Simplemente existe.

Eso importaría menos si Giulio atravesara alguna transformación reconocible. Sin embargo, Ketticè es un relato iniciático que adolece sorprendentemente de cualquier progreso personal. Su protagonista comienza mostrándose apático con respecto a los estudios, va perdiendo poco a poco el entusiasmo que pudiera tener por el fútbol, sigue interesado por las chicas y las drogas, y termina la película sin apenas haber cambiado. Se suceden acontecimientos, pero no hay una evolución.

Los adultos no salen mucho mejor parados. La madre de Giulio, interpretada por Monica Bellucci, habla de una forma tan impostada que a menudo parece estar recitando un texto en lugar de hablar como una persona. La abuela lleva esto aún más lejos, mientras que el padre de Giulio, en gran medida ausente, parece haberse colado desde otra película. Las interpretaciones caen con frecuencia a niveles llamativamente bajos, y el ampuloso diálogo no ayuda. Las notables excepciones son el exasperado profesor de Giulio, Sanfilippo (Davide Cirri), y el propio Gallina, que sostiene con convicción el registro deliberadamente perezoso, cabreado y ligeramente aturdido que exige su personaje.

La misma falta de rumbo afecta a la puesta en escena de Tortorici. Un motivo musical de influencia árabe introduce la tediosa rutina de Giulio entre el instituto y el fútbol sala, para reaparecer más adelante de forma extrañamente didáctica. La cámara lenta parece utilizarse casi al azar, mientras que varios encuadres están llamativamente torcidos o dejan cantidades inexplicables de espacio vacío sobre las cabezas de los actores.

Lo más desconcertante es una secuencia de pelea troceada con frenéticos cortes bruscos de montaje, que produce un efecto casi epiléptico. Esta culmina con una chica que entra corriendo en una pizzería cercana, roba una pala de pizza y la usa para derribar a alguien. Incluso dentro del Palermo deliberadamente áspero y adolescente del filme, el incidente parece menos espontáneo que forzado.

Hay risas (algunas intencionadas, otras no tanto) y un puñado de réplicas que realmente funcionan. El denso siciliano que hablan muchos de los jóvenes puede incluso dejar a los propios espectadores italianos deseando subtítulos. Drogas, clase, autoridad familiar, amistad y desafección adolescente asoman en la película, pero casi exclusivamente como sugerencias, más que como ideas desarrolladas.

Este es el problema fundamental de Ketticè. Tortorici parece interesado en reconstruir una adolescencia concreta, la de la Palermo de 2012, políticamente y culturalmente inmóvil, poblada por adolescentes con poquísimo idealismo y mucho tiempo que perder en el por entonces nuevo Facebook. Pero el hecho de que esa adolescencia existiera no hace automáticamente que su recuerdo resulte dramáticamente atractivo.

La película nunca encuentra el acontecimiento, la revelación o el giro capaces de dar forma a su sucesión de episodios. Su final podría aparecer casi al principio o a mitad de metraje sin alterar de forma sustancial la trayectoria de Giulio. Ketticè no nos deja con la incertidumbre productiva de la adolescencia, sino con una pregunta más simple: ¿por qué, exactamente, necesitábamos que nos contaran esta historia?

Ketticè es una producción de Frenesy Film Company (Italia), The Apartment (Italia), MeMo Films (Italia) y PiperFilm (Italia), en colaboración con Rai Cinema y First Picture (Francia). PiperPlay gestiona sus ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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