Crítica: Armony
por Muriel Del Don
- Dario Albertini pone en escena, con realismo y poesía, a personas que han decidido unirse para vivir sus propias utopías, manteniendo a distancia el mundo que las rodea

El director italiano Dario Albertini presenta su tercer largometraje de ficción, Armony, en la Piazza Grande del Festival de Locarno. Tras años dedicados al documental, Albertini aborda la ficción con la misma mirada curiosa, incisiva y profundamente humana. Es una seña de identidad de su obra que convierte la ficción en un espejo de la realidad, en una transcripción poética de emociones humanas que muchas veces quedan relegadas a la sombra. Armony es una película que explora los lazos familiares a través de los ojos de un personaje que ha elegido la soledad como compañera de vida, aislándose de un mundo dominado por un frenesí que no alcanza a comprender.
Armony, el protagonista de la historia, interpretado por un sobresaliente Valerio Mastandrea, pertenece a una familia elegida compuesta por un puñado de personas que se quieren y se respetan profundamente. Desde fuera, esta tribu puede parecer extraña, poco convencional y algo desequilibrada, pero no para quienes forman parte de ella. Armony es un camionero recién jubilado, reservado, que solo se siente realmente a gusto con su vecina Pamela, una mujer trans interpretada por la icónica Pamela Schettino, con la que pasa veladas tranquilas como si fueran una pareja de toda la vida, aunque la suya no sea una relación sustentada en una unión institucional normativa como el matrimonio. Su rutina diaria se desbarata por la irrupción de su joven sobrina Carlotta, repentinamente abandonada por su madre (Asia Argento) y de la que Armony debe hacerse cargo. Carlotta no conoce a su tío porque su madre se distanció de su hermano hace 25 años, cortando los lazos con el único miembro de su familia que le quedaba. Decidido a cuidar de su sobrina pese a las dificultades del día a día, Armony lucha por mantenerla con él después de que los servicios sociales amenacen con ingresarla en un centro. Obligado a iniciar un proceso complejo y emocionalmente exigente para obtener la tutela legal, el protagonista empieza poco a poco a abrirse a nuevas conexiones humanas y vínculos afectivos que había mantenido a raya durante mucho tiempo, ya fuera por miedo o quizá simplemente por costumbre.
Armony es una película poderosa, profundamente humana y, por momentos, deliciosamente irónica, una de esas obras que muestran la realidad tal cual es, en toda su radiante e inquietante imperfección. Sus personajes, en especial los femeninos, no se dejan aplastar por las circunstancias ni caen en una victimización autocompasiva. Al contrario, se alimentan de las dificultades, transformándolas en fuerza y energía vital. Poblada por criaturas conmovedoras que deslumbran por su sinceridad, sobre todo la espléndida Pamela, encarnada por la magnífica Schettino, icono de la película de culto de Claudio Caligari, Toxic Love, y de la comunidad trans italiana en general, Armony toca una fibra profundamente emotiva.
Desafiando los estereotipos en torno al género y a la marginación, la película nos invita a reflexionar sobre el concepto de familia y el significado de vivir en los márgenes de la sociedad. La familia de Armony es considerada por el sistema como anómala, diferente y potencialmente peligrosa porque es antinormativa, fundada no en lazos de sangre, sino en la solidaridad y el respeto mutuo. Los miembros de esta familia, profundamente queer en su forma de cuestionar las convenciones y eludir cualquier posible clasificación, se han elegido entre sí. Han sellado un pacto de alianza y ausencia de juicio que los une de manera permanente. Armony y las protagonistas femeninas de la película se niegan a desempeñar los papeles que les asigna una sociedad que prefiere la conformidad al pensamiento crítico. Consciente o quizá inconscientemente, se rebelan contra una forma de determinismo social que las querría indefensas y sumisas. En sintonía con la cita final del escritor italiano Pier Vittorio Tondelli, Armony es una película que da voz a quienes suelen negársela y revela la belleza de la solidaridad, de la convivencia y de las utopías construidas sobre una fragilidad entendida como fuente de fuerza, más que de debilidad.
Armony es una producción de las italianas The Apartment, Damocle y Rai Cinema. Sus ventas internacionales corren a cargo de True Colours.
(Traducción del italiano)
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