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LOCARNO 2026 Competición

Crítica: Rehmat

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- La cinta de Gurvinder Singh entrelaza tres relatos solemnes, pero cautivadores, sobre el Punjab actual, para ajustar cuentas con su historia antes y después de la Partición de 1947

Crítica: Rehmat
Naseeruddin Shah en Rehmat

En el cine mundial de los años noventa abundan las narrativas “en red”, es decir, dramas compuestos por historias entrelazadas que conectan a un nutrido conjunto de personajes. El nuevo largometraje del director punyabí indio Gurvinder Singh, Rehmat, estrenado en la Competición Internacional del Festival de Locarno, recuerda ligeramente esta tendencia, aunque su estructura expansiva nace de la adaptación de varios relatos de una célebre compatriota suya, la escritora Ajeet Cour. Las tres partes del largometraje reflexionan sobre el legado aún vigente de la Partición de Punyab de 1947, cuando los sijs y los hindúes en la India quedaron separados de la mucho más numerosa comunidad musulmana en Pakistán. Pese a la ocasional timidez y simplificación de Singh al intentar dramatizar un conflicto que sigue latente, su obra retrata y evoca con solvencia las tensiones políticas que afectan hoy a toda Asia meridional.

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El guion de Singh desorienta deliberadamente al espectador al colocar las dos historias más breves, aunque también las más dramáticas, al inicio del metraje, antes de desviarse de forma sorprendente hacia un personaje que en un principio parece un apunte cómico, pero que acaba convirtiéndose en el eje emocional y dramático de la película. Una oportuna nota introductoria al comienzo menciona el derrumbe del Punyab indio en medio de disturbios civiles durante la década de 1980, cuando sijs militantes lucharon por su propio Estado independiente, así como la reaparición ocasional de la violencia sectaria en la actualidad. La primera historia ofrece un ejemplo de ello, siguiendo al militante sij herido Balwinder (Harwinder Aujla), que debe esconderse y refugiarse en casa de una familia cuyo hijo fue asesinado anteriormente por el grupo rebelde del que él forma parte. En el capítulo siguiente vemos la experiencia desde la perspectiva de la propia familia de Balwinder, en particular su impacto en su hijo Harman (Jasmanpreet Singh), un joven inteligente y sensible que empieza a suspender en la escuela. Aunque está relatado con paciencia y aplomo, cabría reprochar al director una excesiva discreción a la hora de abordar algunos de los detalles más atroces de la militancia (se echa en falta una mayor contextualización y un imaginario más explícito, mostrado de forma cruda y directa).

La película parece comprometida con esta senda austera hasta que se produce una transición tonal que irrumpe como un rayo de luz, aportado por un personaje que, al principio, se presenta con picardía como “Dios”. Se trata de Rashid (Naseeruddin Shah), descendiente de una familia musulmana que huyó inmediatamente tras la Partición y que llega desde Mánchester para reconectar con su herencia después de serle diagnosticado un cáncer terminal. Las historias se conectan porque Rashid es acogido casualmente por la familia de Balwinder, y eso permite apreciar cuánto lo ha transformado su vida posterior en la diáspora respecto a quienes permanecieron allí. A través del entrañable detalle del altavoz Bluetooth beige de la marca de amplificadores Marshall que desembala en su escritorio, así como de su porte desaliñado, casi bohemio, se percibe que es un “hijo de los 60”, moldeado por los cambios sociales del Reino Unido. Desde su base inicial con la familia de Balwinder acaba encontrando la casa palaciega que construyó su padre, Rehmat (un nombre que significa “compasión” tanto en punyabí como en árabe), abandonada en medio del propio declive económico y social del Punyab urbano.

En la década de 2020, con títulos como La luz que imaginamos, de Payal Kapadia, y Joyland, de Saim Sadiq, el cine de autor de Asia meridional ha vivido un notable renacimiento. El estilo de Rehmat, con sus ocasionales travellings pausados y desconcertantes que exploran los espacios que habitan los personajes, se antoja demasiado rígido y sobrio como para conectar con el público del mismo modo. Aun así, su acercamiento a la política punyabí demuestra gran pericia y ofrece nuevas perspectivas y sugerentes paralelismos con las crisis abiertas de autodeterminación nacional en otras regiones.

Rehmat es una coproducción entre India y Francia, a cargo de Vahao Studio y Pavo Films.

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(Traducción del inglés)

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