Crítica: Lejos de los árboles
por Martin Kudláč
- Meritxell Colell Aparicio convierte el viaje de una artista sonora por Perú en una excavación sensorial del exilio heredado y de las lenguas en peligro de desaparición

La tercera película de ficción de la cineasta catalana Meritxell Colell Aparicio, Lejos de los árboles, ha tenido su estreno mundial en la competición principal del Festival de Locarno. Adela (Angélica Castelló), artista sonora mexicana afincada en Viena y nieta de exiliados republicanos catalanes, recorre Perú junto a Lucho (José Luís López Cama), su guía e intérprete. Su cometido es continuar un proyecto iniciado por su abuelo: la creación de un mapa sonoro de lenguas en peligro de desaparición.
Esta misión traza inicialmente los contornos de una road movie, llevando a la pareja de la selva hacia los Andes. Sin embargo, cuando el miedo a la muerte irrumpe en la conciencia de Adela, el viaje deja de avanzar de forma lineal y empieza a desplegarse hacia adentro, conduciéndola por recuerdos de infancia, duelo y una herencia compuesta tanto de silencios como de testimonios. Los micrófonos de Adela recogen voces, sonidos de ambiente y las texturas acústicas de los lugares, pero su trabajo también evoca las ausencias que rodean la historia de su familia. De esta forma, el mapa sonoro se convierte en un contraarchivo, un intento de conservar aquello que la historia oficial, la migración forzada y las reticencias entre generaciones han puesto en riesgo de desaparición. La memoria personal y la historia colectiva pasan a ocupar un mismo plano en Lejos de los árboles.
Colell Aparicio se aparta ligeramente de un relato convencionalmente guiado por la trama y abraza un enfoque más contemplativo, aunque Lejos de los árboles evita entregarse por completo a la inercia narrativa asociada al slow cinema. La directora combina diseño sonoro, psicogeografía y multilingüismo en una ficción híbrida y ensayística articulada en torno a una miríada de preocupaciones, como las lenguas en peligro de extinción, el exilio republicano, la mortalidad, la infancia, el mundo vegetal, la política y el desplazamiento. Su ritmo lento y su registro introspectivo relegan a un segundo plano la progresión dramática, mientras la película flota entre el documental y la ficción. Colell Aparicio toma prestadas estrategias observacionales y formales del cine documental, mientras ordena sus reflexiones dentro de un marco de ficción en torno a la vida y las rememoraciones de Adela.
El apartado visual de la película, a cargo del director de fotografía Julián Elizalde, transita entre paisajes lúcidos y expansivos y fragmentos más granulosos y volátiles, en los que los colores se intensifican, los contornos se suavizan y los cuerpos parecen casi ser absorbidos por su entorno. Por momentos, la imagen adquiere una densidad pictórica, en particular en las composiciones botánicas, donde la vegetación parece a la vez táctil e inquietante. Poco a poco, Colell Aparicio va componiendo un retrato más completo de la historia personal de Adela, de su vínculo con sus abuelos y con la amiga de la familia, Paula (Teresita Sánchez), que cuida de su abuela Toni, de 98 años, cuya salud se deteriora progresivamente. La posibilidad de la muerte de Toni desencadena los recuerdos de Adela y contribuye a profundizar en la meditación de la película sobre el duelo y el exilio heredado.
Íntima y política al mismo tiempo, Lejos de los árboles emplea fragmentos sonoros y visuales para llevar a cabo un proceso de arqueología personal y colectiva a través de generaciones, historias y paisajes.
Lejos de los árboles es una producción de Allegra Films (España), coproducida por Animalita Cine (Perú) y Exit Media (Italia), con la participación de RTVE.
(Traducción del inglés)
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