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LOCARNO 2026 Competición

Crítica: The House on the Moon

por 

- El director ya premiado en Locarno Nelson Yeo apunta a la luna con una acercamiento en tono wuxia modernizado al mito chino de Chang’e

Crítica: The House on the Moon
Lim Shi-An en The House on the Moon

Uno de los muchos rostros que regresan al Festival de Locarno este año, en una edición cuya selección se ha alejado del habitual interés del festival por los primeros largometrajes y los descubrimientos, es el del director singapurense Nelson Yeo, que vuelve con una propuesta radicalmente diferente de su anterior largometraje, Dreaming & Dying (un relato fantástico, ganador del Leopardo de Oro de la sección Cineastas del Presente en 2023), aunque este ya fuera innovador. A pesar de algunas localizaciones reales de gran impacto visual, Yeo ha rodado la mayor parte de su nuevo espectáculo de ciencia ficción de estilo wuxia, The House on the Moon, en estudios de producción virtual, un método que se hizo especialmente popular por su capacidad para producir a bajo coste series de Disney+ concebidas para el streaming. Una versión de alto presupuesto del wuxia —término chino que hace referencia a las artes marciales y la caballería— inspirada en grandes producciones hollywoodienses de corte artístico, como la reciente saga de Dune, y en las películas de época de terror de Robert Eggers, caracterizadas por su búsqueda de autenticidad, The House on the Moon es un segundo largometraje audaz de Yeo que merece plenamente su paso a la competición principal de este año, aunque su exceso tecnológico y un guion plagado de defectos terminan por jugar en su contra.

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El mito de la diosa de la Luna Chang’e y la leyenda de los diez soles constituyen algunos de los relatos más arraigados de la cultura china, presentes en numerosas religiones y filosofías del país y fuente de inspiración, además, para el icono del anime japonés Sailor Moon. Yeo y su coguionista Vicky Yang ofrecen una reinterpretación revisionista de estas historias al imaginar qué ocurre después de que Chang’e alcance la inmortalidad y sea exiliada a la Luna, una vez que su marido, el arquero Hou Yi, ha destruido nueve de los diez soles que abrasaban la Tierra hasta llevarla al borde de la extinción (dejando solo uno: el nuestro). Aquí, la diosa, cuyo nombre aparece transliterado en los subtítulos como Chang-Er y que interpreta Lim Shi-An, vive sumida en un estado de melancolía permanente, confinada en la Luna desde hace más de mil años. Para colmo, Hou Yi (Dominick Rustam) la ha abandonado para embarcarse en una nueva misión: salvar el último Sol, que está muriendo en una situación que recuerda a la fase final de nuestra actual emergencia climática.

La ambición declarada de Yeo es dotar de mayor profundidad a unos personajes que necesariamente resultan más planos en los textos antiguos, pero carga a cada una de las figuras principales con extraños arcos narrativos que distraen de la historia general y que son abandonados abruptamente cuando llegamos al clímax anunciado, que tiene lugar en lo que dentro de la película se conoce como la “cara oscura de la Luna” —sin duda, un juego de palabras deliberado con Pink Floyd—. Chang-Er se enamora del Bandido de Nanyang (Akira Huang), un personaje de astronauta que lleva un brazo amputado como “rascaespaldas” y que se convierte en su compañero mientras ambos se enfrentan a diversos adversarios de carácter pícaro, como el dios del amor Yue Lao (Lee Kang-sheng) y una bruja que la hace envejecer mágicamente varias décadas de golpe, en un episodio comparable a uno de La Odisea. Mientras tanto, Peng Meng (Harry Chang), el enemigo original de Hou Yi, se ve envuelto en una trágica historia de amor queer que, aunque constituye una interesante actualización contemporánea, no complementa de manera significativa la trama principal ni arroja nueva luz sobre ella.

Aun así, esos decorados de producción virtual se han convertido en un estándar de la industria por una buena razón. El director y su director de fotografía, Lincoln Yeo, crean con habilidad composiciones complejas y con una gran profundidad de campo, logradas mediante el uso de una distancia focal inusualmente larga, que confiere a sus personajes, ataviados con gran riqueza, un aspecto adecuadamente monumental. Los fondos generados digitalmente presentan también un acabado más artístico y una paleta cromática más cuidada —con sus deslumbrantes infiernos anaranjados y sus cambiantes grises— que la de otras películas rodadas en estudios. Con sus virtudes y sus defectos, se percibe en The House on the Moon el entrañable esfuerzo de Yeo por reinventar el legendario género wuxia, aunque no llegue a conseguirlo por completo.

The House on the Moon es una coproducción entre Singapur, Taiwán, Alemania e Indonesia, realizada por Momo Film Co en colaboración con Aview Images, Weydemann Bros, 9lb films inc y KawanKawan Media. Parallax Films se encarga de las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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