SARAJEVO 2026 Competición documentales
Crítica: Don’t Ask Me If I Killed
por Olivia Popp
- El documental ucraniano de Helena Maksyom, rodado desde el frente, nos muestra las penurias de la guerra a través de sus ojos y de su diario fílmico como civil convertida en soldado

La cineasta ucraniana Helena Maksyom arranca su nuevo documental con un conjunto de propósitos cotidianos: quiere aprender francés y tocar el piano, viajar por algunos de los océanos, cuidar mejor de su madre y quizá "incluso convertirse ella misma en madre". Grabándose frente a un espejo, nos dice que la fecha es el 15 de febrero de 2022; por el mero contexto y por su tono sombrío, sabemos qué está a punto de ocurrir.
En su estreno internacional en la competición de documentales de Sarajevo, Don’t Ask Me If I Killed se alzó con una mención especial del Special Award for Promoting Gender Equality (ver la noticia) tras haberse llevado el premio principal en la Docu/Ukraine Competition de DocuDays. Su nuevo trabajo es muy distinto del anterior, el documental de 2020 Everything Will Not Be Fine (codirigido con Adrian Pîrvu). A lo largo de Don’t Ask Me If I Killed, descubrimos que se incorporó a la contienda bélica al inicio de la invasión rusa, participó en numerosas operaciones de combate durante varios años (también como oficial) y finalmente fue desmovilizada y pasó a la reserva.
Además de ejercer como directora de fotografía, Maksyom se mueve con instinto de cineasta y cierto sentido de la ironía: quiere hacer una película vibrante y perspicaz mientras se ve obligada a permanecer siempre atenta a los ataques rusos. Su mirada lo abarca todo, mientras la cámara se siente atraída por los ritmos de la guerra, inesperadamente crudos: acciones repetitivas que conforman el adiestramiento militar, ancianos del lugar que alimentan a perros callejeros, jóvenes soldados que improvisan tartas, la atención médica a los heridos, la preparación de cintas de ametralladora y el acarreo de morteros al frente. Sin embargo, esparcidos dentro y alrededor de este ciclo vital de la guerra, surgen momentos de ligereza y de profunda melancolía.
Maksyom, como directora de fotografía y también como protagonista, intercala de vez en cuando reflexiones más personales, de corte diarístico, sobre lo que ve, cómo ha cambiado su comportamiento y el inmenso peaje emocional que le supone tanto seguir funcionando como filmar. Como directora, presenta las escenas de combate en blanco y negro, como si quisiera distanciar emocionalmente al espectador de ellas: un recordatorio de que esto no es más que una pequeña porción de la vida en conflicto. Las reflexiones de sus compañeros de armas nos anclan en la guerra como una nueva normalidad, pero también nos recuerdan que ese estado, en realidad, no es verdaderamente normal.
Don’t Ask Me If I Killed resulta por momentos demasiado fragmentaria como para perfilar una postura narrativa diferenciada, con poca o nula sensación de cronología o del paso del tiempo. Aun así, es fácil imaginar que así ha experimentado Maksyom la guerra: como una sucesión de recuerdos ligeramente aislados que perduran, de la que algunos de los más desgarradores brotan de lugares cotidianos.
Don’t Ask Me If I Killed es una coproducción entre Rumanía, Países Bajos, Alemania y Ucrania, producida por Adrian Pîrvu, Een van de jongens, Perennial Lens y Jeanne Dovhych, en coproducción con ZDF/Das kleine fernsehspiel. First Hand Films gestiona sus ventas internacionales.
(Traducción del inglés)
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