Crítica: Un détour par Diane
por Aurore Engelen
- VENECIA 2026: Ann Sirot y Raphaël Balboni exportan las señas de identidad más potentes de su cine al terreno del wéstern moderno

Con sus dos primeros largometrajes, Loca por la vida y Le Syndrome des amours passées, Ann Sirot y Raphaël Balboni han establecido una sólida gramática cinematográfica que combina una escritura de los diálogos espontánea, alimentada por un intenso trabajo de ensayos, el uso del jump cut en el montaje, el recurso a vestuarios y decorados a menudo alegóricos, así como a secuencias más oníricas, frecuentemente coreografiadas, que salpican la narración. Todos estos son a su vez algunos de los motivos que el dúo despliega en Un détour par Diane, presentada en la sección Orizzonti de la 83.ª Mostra de Venecia, donde recurren a los códigos tradicionales del western al tiempo que los actualizan y feminizan.
Todo comienza con Diane (Ninon Borsei), una chica moderna, decidida a vivir su vida como le venga en gana y, en particular, a disfrutar de su vida sexual y amorosa. Aunque… ¿y si la historia no comenzara con Diane? El día en que descubre que su madre (Sandrine Blancke) fue violada en su juventud, no comprende por qué ese trauma se ha mantenido en secreto durante tantos años. Sin consultar a su madre y sin saber qué ha hecho esta para superar el trauma, Diane decide vengarla buscando a su violador, con la esperanza de que no sea demasiado tarde. Tras dejar atrás la ciudad para dirigirse a la costa del mar del Norte —su particular lejano Oeste—, Diane se cruzará por el camino con varios personajes que la ayudarán a aclarar sus ideas, empezando por un intrigante ciclista (Lucas Meister) que pondrá seriamente en cuestión todo lo que creía saber sobre los hombres.
Como de costumbre, los cineastas adoptan un tono desenfadado para abordar un tema dramático. Después de ocuparse de la vejez y las enfermedades neurodegenerativas, y posteriormente de la infertilidad y la fidelidad, esta vez se centran en la transmisión intergeneracional de los traumas y en qué hacemos, una vez adultos, con la herencia de la violencia sexual sufrida, pero también perpetrada, por nuestros padres. Al decantarse por el western, articulan su película en torno a las disonancias entre la gravedad de los temas abordados y la ligereza de las situaciones, entre la sofisticación de los artificios de la puesta en escena y la crudeza de las relaciones interpersonales. Si primero hay que aceptar el dispositivo, que establece una distancia reflexiva respecto a los afectos y sentimientos de los personajes, después uno puede divertirse imaginando de nuevo el western a la luz de un nuevo enfoque de las identidades de género y replantearse, junto al atípico dúo formado por Ninon Borsei y Lucas Meister, la naturaleza de las dinámicas que operan dentro de la pareja heterosexual, en tanto que esta es heredera de siglos de una cultura de dominación.
Por primera vez, Ann Sirot y Raphaël Balboni colaboran con la productora belga Les Films du Fleuve. La película ha sido producida asimismo en Francia por Marianne Productions. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Pyramide, que también distribuirá la película en Francia, mientras que Imagine se encargará de su distribución en Bélgica.
(Traducción del francés)
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