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VENECIA 2026 Giornate degli Autori

Crítica: I Plant My Hand in the Garden

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- VENECIA 2026: Entre autobiografía y ficción, la ópera prima de Hoda Taheri y Boris Hadžija cuestiona los conceptos de familia, identidad y pertenencia, así como los roles que la sociedad nos asigna

Crítica: I Plant My Hand in the Garden
Hoda Taheri en I Plant My Hand in the Garden

En el segundo día de la Mostra de Venecia, I Plant My Hand in the Garden, debut en el largometraje de Hoda Taheri y Boris Hadžija, entra en la competición de las 23.ª Giornate degli Autori cuestionando, desde las primeras escenas, la distinción entre realidad y ficción. Hoda, una refugiada iraní residente en Berlín, está embarazada de Boris, una persona queer serbomontenegrina. Ambos deciden casarse y criar juntos al bebé, pero lo que debería ser el comienzo de una nueva familia se convierte pronto en un enfrentamiento con las expectativas familiares, la burocracia y unas identidades difíciles de dejar atrás.

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La película se abre con una videollamada entre Serbia e Irán: Hoda anuncia a su madre y a su hermana su inminente boda y su embarazo, introduciendo así desde el principio la geografía sentimental del relato, formada por países, lenguas y familias separadas por fronteras que la tecnología solo puede salvar parcialmente. A partir de ahí, la película avanza mediante fragmentos, a través de escenas construidas principalmente con cámara fija. Las familias de los dos protagonistas se conocen, conversan en torno a la mesa y comparten secretos; las dos consuegras se comunican mediante Google Translate, en una situación que provoca al mismo tiempo comicidad y extrañamiento. Una charla sobre el maquillaje de la madre puede dar paso así, sin previo aviso, al relato de las personas muertas en las calles de Irán.

Es precisamente en esta combinación de lo cotidiano y lo perturbador donde Taheri y Hadžija encuentran una de las características más interesantes de su puesta en escena. Ambos se interpretan a sí mismos e incorporan a sus propias familias a la película, de modo que transforman una materia autobiográfica en algo continuamente escurridizo. Los saltos temporales, las transiciones oníricas de una escena a otra, los sueños relatados por los personajes y la ruptura de la cuarta pared interrumpen la linealidad del relato. Una secuencia en el ginecólogo culmina en un primer plano que evoca El origen del mundo, de Courbet; más adelante, Hoda devuelve el vestido de novia alegando que nunca llegó a ponérselo. Se suceden así escenas en las que las certezas acumuladas hasta ese momento vuelven a ponerse en cuestión.

La ficción no sirve, por tanto, para reconstruir la experiencia de los autores, sino para someterla a un proceso de transformación. No siempre es posible saber qué pertenece a lo vivido y qué ha sido construido para la película, y es precisamente esta ambigüedad la que se convierte en su principal herramienta narrativa. También el bebé que esperan adquiere una doble dimensión: es una presencia concreta, pero también la imagen de un futuro todavía por decidir, sobre la que se proyectan los deseos y temores relacionados con la maternidad y la paternidad.

A partir de ahí, la película amplía su discurso hacia la cuestión de la identidad. Ser madre o padre, refugiado o ciudadano, marido o esposa no significa únicamente ocupar una posición definida por la ley o la sociedad, sino enfrentarse a los roles que los demás ya han imaginado para nosotros. La identidad LGTBIQ+ se entrelaza así con la migración, la ciudadanía, la nacionalidad y la familia, mientras Hoda y Boris buscan una forma de pertenencia que no tenga por qué coincidir con las que ya están disponibles.

No todo, sin embargo, tiene la misma fuerza. La estructura fragmentaria y algunos de los giros más radicales pueden parecer en ocasiones más programáticos que necesarios, especialmente cuando el efecto de desconcierto se vuelve predecible. Pero es precisamente a través de esta oscilación constante como la película consigue transformar una historia privada en una reflexión más amplia sobre las formas en que construimos nuestras relaciones.

En este sentido, I Plant My Hand in the Garden dialoga con el movimiento que atraviesa este año las Giornate degli Autori: personajes que cruzan fronteras geográficas, sociales y afectivas mientras el propio cine supera las que separan documental y ficción, memoria e invención. Hoda y Boris no solo intentan construir una familia, sino que también tratan de entender si es posible hacerlo sin heredar automáticamente las reglas que la definen.

I Plant My Hand in the Garden ha sido producida por DFFB (Alemania), Cruising (Alemania), Naked (Serbia) y Mala (Estados Unidos). Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Square Eyes (Austria).

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(Traducción del italiano)


Galería de fotos 03/09/2026: Venice 2026 - I Plant My Hand in the Garden

7 fotos disponibles. Desliza hacia la izquierda o la derecha para verlas todas.

Hoda Taheri, Boris Hadžija
© 2026 Isabeau de Gennaro for Cineuropa @iisadege

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