Crítica: La maison du vent
por Fabien Lemercier
- VENECIA 2026: Auguste Bernard Kouemo Yanghu firma una ópera prima de gran autenticidad sobre una madre camerunesa de edad avanzada que intenta mantener el vínculo con sus hijos que se han ido a Europa

“Espero que el año que viene estés aquí en persona”. Aunque celebrado por Zoom con sus seis hijos expatriados, es un cumpleaños muy especial el que festeja en Yaundé la entrañable pero combativa septuagenaria Josette, protagonista de La maison du vent, el primer largometraje de Auguste Bernard Kouemo Yanghu, todo un descubrimiento en la sección Orizzonti de la 83.ª Mostra de Venecia. El director de origen camerunés esquiva con delicada sencillez todos los escollos de las películas del llamado world cinema, fabricadas todas ellas según un molde (dramatización excesiva, turismo etnográfico, etc.), desgranando tranquilamente una obra aparentemente modesta, pero que dice mucho sin excederse y no trata de disfrazar África para agradar al público occidental.
“Qué pena que en Camerún no existan residencias de ancianos”. Para Josette (Josette Kwanya), la existencia es una letanía solitaria. Cerrar la verja y echar los cerrojos al caer la noche, contemplar la ciudad desde su balcón o la televisión bajo la mosquitera, acudir de vez en cuando al centro comunitario Bakassa para las reuniones de mujeres, intercambiar mensajes a través de una pantalla con sus seis hijos expatriados, cariñosos pero ocupados (“No tengo tiempo, mamá, estoy trabajando”). Esta mujer viuda, arraigada en su país, que se niega a abandonar pese a las insistentes peticiones de sus hijos, solo sueña con verlos regresar y se aferra a un objetivo: construir una casa para su hijo Benoît (que financia el proyecto mediante transferencias bancarias). Un giro de los acontecimientos hace que se cruce entonces en su camino Sarah (Moudjeu Pouadeu), una joven que primero ayuda a Josette antes de pedirle a su vez un favor: que se haga pasar por su madre ante su prometido francés (Adrien Jolivet), que pronto regresará a Camerún. Con el paso del tiempo, y a pesar de sus diferencias (“No me gusta que entren desconocidos en mi casa”), las dos mujeres se acercan y aprenden a conocerse, pero varios obstáculos acechan sus respectivos sueños…
Al explorar pausadamente, como quien arma un puzle, las distintas capas de su tema, centrado en los vínculos (familiares, amistosos, amorosos y de solidaridad) y sus límites (“no nos habíamos entendido bien desde el principio”), la película sabe crear una auténtica atmósfera (las calles de Yaundé, los mototaxis, las lluvias torrenciales, el tiempo suspendido de la vida cotidiana en casa, pequeños destellos oníricos, etc.) de una credibilidad casi documental, al tiempo que desvela por fragmentos el pasado de sus dos protagonistas. Mediante la construcción de su nido sobre la empatía universal que despierta la figura de una abuela aislada y ferozmente orgullosa de su independencia, aunque de gran corazón y con una tristeza oculta, La maison du vent aborda también, con pequeños y discretos toques, la cuestión de la identidad y el futuro de la juventud camerunesa (¿es mejor irse o que vuelvan?). Un retrato conmovedor cuya modestia, plenamente asumida y refrescante, revela a un cineasta que controla muy bien su embarcación y cuyo próximo viaje será interesante seguir.
La maison du vent ha sido producida por Horizons d’Afrique (Camerún), La Mansarde Cinéma (Francia), Steel Fish Pictures (Bélgica) y Merveilles Production (Benín), y coproducida por el Red Sea Fund y el Doha Film Institute. Las ventas internacionales de la película corren a cargo de Celluloid Dreams.
(Traducción del francés)
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