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VENECIA 2026 Giornate degli Autori

Crítica: A veces me entra tristeza, otras veces rebelión

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- VENECIA 2026: María Aparicio entrelaza trabajo, migración y memoria histórica en un delicado encuentro madrileño que transforma la melancolía en posible rebelión

Crítica: A veces me entra tristeza, otras veces rebelión
Eva Bianco en A veces me entra tristeza, otras veces rebelión

Pequeños gestos, encuentros fortuitos y conversaciones en apariencia marginales se convierten en un trampolín para explorar el trabajo, la migración y la memoria histórica en A veces me entra tristeza, otras veces rebelión. Presentada en la 23.ª edición de las Giornate degli Autori en Venecia, el cuarto largometraje de la directora argentina de 34 años María Aparicio es una coproducción argentino-española que se alinea con el enfoque íntimo y observacional habitual de la cineasta, en el que lo cotidiano se convierte en un espacio desde el que desentrañar cuestiones políticas y sociales.

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Eva (Eva Bianco, quien protagonizó la anterior película de la directora, Las cosas indefinidas) es una cineasta argentina de paso por Madrid. Ha llegado tras participar en un festival de cine en Francia y pasa sus días sola, con poco interés en forjar nuevas relaciones. En el Museo Reina Sofía conoce a Dante (Roger Koza), un historiador argentino que vive temporalmente en la capital española mientras investiga a Juan Bialet Massé y las condiciones de trabajo en Argentina a comienzos del siglo XX. Entre ambos germina una amistad delicada, que esquiva los derroteros románticos convencionales. Se citan en el museo, se intercambian libros y hablan de cine, historia, trabajo y política. Ambos son extranjeros en una ciudad que no les pertenece; ambos parecen vivir en un estado de transitoriedad. La pareja desarrolla una sintonía natural, apuntalada por interpretaciones minimalistas que dejan, ante todo, espacio para las palabras, los silencios y los pequeños gestos.

Aparicio convierte el museo en una presencia clave en la película: la arquitectura del lugar, la luz, las salas y los espacios de transición ayudan a marcar el ritmo del relato, mientras Madrid se muestra lejos de la estampa de postal. La rutina de Dante (la biblioteca a primera hora, la compra en el supermercado, la lavandería autoservicio) contribuye también a crear una atmósfera suspendida y melancólica, en la que el tiempo parece dilatarse. Es precisamente a raíz del encuentro con Eva cuando la investigación de Dante cambia de rumbo. La película se desplaza gradualmente del estudio histórico de Bialet Massé al presente y a las condiciones de los trabajadores migrantes en la España actual. En ese punto, Aparicio introduce elementos documentales, con conversaciones con camareros, cuidadoras, limpiadoras y otros trabajadores inmigrantes que empujan la cinta desde la ficción hacia la realidad.

La transición es fluida, y eso permite el diálogo entre dos temporalidades: las luchas obreras en la Argentina de principios del siglo XX y la realidad contemporánea, aún marcada por la precariedad, los bajos salarios y la escasa protección. La alusión a la Argentina de Javier Milei ("hemos fracasado") sitúa además la historia privada de los protagonistas en un contexto político más amplio sin convertir la película en un manifiesto. De hecho, el título sugiere una doble tensión, al yuxtaponer la tristeza de la condición presente con la posibilidad de la rebeldía. La cita de Marx, una llamada no solo a interpretar el mundo, sino a cambiarlo, se vuelve clave en una película que concibe el pensamiento como posible preludio de la acción.

En este sentido, Aparicio ha construido una obra de tono contenido pero precisa en sus intenciones. La banda sonora melancólica de la película y los toques oníricos complementan un relato que se despliega a través de digresiones y conexiones inesperadas, hasta cerrar el círculo entre la investigación histórica y el testimonio contemporáneo. Es una película centrada en los encuentros, la escucha y la atención al detalle, donde lo político no se impone al relato, sino que surge de manera natural de la observación de las personas y del trabajo que todavía define las opciones con las que contarán en sus vidas.

A veces me entra tristeza, otras veces rebelión es una producción de las argentinas La buena hora y Las Flores junto con las españolas Mordisco Films, Pyewacket Films, Cosabona Films, Brava, Pifostio Films, Pasajes Invisibles y Zampano Producciones. Las ventas internacionales corren a cargo de la española Paper Moon.

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(Traducción del italiano)

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