Crítica: Dau
por David Katz
- VENECIA 2026: La última película del proyecto envuelto en la polémica de Ilya Khrzhanovsky es un amplio y aterrador estudio de personaje centrado en el físico nuclear soviético Lev Landau

Cuando aparecieron en 2011 las primeras informaciones sobre el proyecto multimedia DAU de Ilya Khrzhanovsky, este fue recibido con enorme fascinación y también con profundo escepticismo. Estos reparos se intensificaron cuando los dos primeros largometrajes del proyecto, DAU. Natasha y DAU. Degeneration, se estrenaron en la Berlinale de 2020, donde se formularon acusaciones de coacción psicológica y maltrato al reparto contra el director, que las negó rotundamente. Ahora que la actitud de la industria hacia Khrzhanovsky ha vuelto a cambiar, tras su renuncia a la ciudadanía rusa, su firme postura contra la invasión de Ucrania y el respeto residual por la ambición del proyecto, el cineasta presenta su trabajo final en la competición de Venecia, un drama biográfico titulado sencillamente Dau, que retrata una versión fuertemente ficcionalizada del físico teórico y nuclear soviético Lev Landau, cuya vida inspiró originalmente todo el proyecto artístico.
Rusia ha sido durante décadas un enemigo recurrente y una amenaza para todo el continente europeo, incluso cuando sus artistas han alumbrado algunas de las cumbres absolutas del cine, la música, la pintura y la literatura. A juicio de este crítico tras un único visionado, Dau es potencialmente una de ellas, aunque no es el tipo de obra que uno "atesore" y desee revisitar una y otra vez. En su lugar, es la declaración audiovisual sobre la corrupción de la URSS que el país nunca pudo producir durante su existencia, y que muestra un clima social ya intoxicado y cada vez más deteriorado, junto con los numerosos tecnócratas y ciudadanos de a pie que tanto lo sufrieron como contribuyeron a ello. Como meditación sobre el férreo dominio de la paranoia totalitaria, que sigue impregnando a Rusia y sus ambiciones imperialistas en el exterior hasta el día de hoy, irónicamente solo pudo haberse hecho, por Khrzhanovsky y sus muchos y brillantes colaboradores, en las valientes y preciosas condiciones de libertad del presente.
Dau es ante todo una obra maestra de la creación de mundos. Con una narración que abarca 40 años, de 1928 a 1968, Khrzhanovsky crea en cada escenario un entorno absolutamente inmersivo, que evoca al reciente maestro ruso Aleksei German, desde el Leningrado bohemio del principio, pasando por el primer puesto de investigación estatal de Dau (el diminutivo por el que se le conocía) en Járkov, Ucrania, en los años treinta, hasta su liderazgo tan autocrático como enclaustrado en el Instituto Científico Secreto de Moscú hacia el final. Dau está interpretado por el debutante Teodor Currentzis, eminente director de orquesta grecoruso, y su mata de pelo crespo y negro azabache, junto a un rostro enjuto y afilado, le hacen parecer una combinación entre un poeta simbolista francés y Robert Smith, de The Cure. Sus ojos desorbitados denotan una inspiración científica desatada, pero también un desapego espectral. Tras conocer en Járkov a la obrera Nora (Radmila Shchogolieva, una de las pocas actrices profesionales de la película), esta se convierte en su leal esposa, que solo puede contemplar horrorizada cómo Dau se embarca en numerosas aventuras amorosas de carácter depredador.
A medida que avanza el desarrollo de la bomba nuclear soviética en el instituto, en paralelo a experimentos aún más inquietantes para potenciar las capacidades físicas y cognitivas humanas, este se convierte en una zona casi autónoma dentro de Rusia: un espacio en penumbra y pavimentado en hormigón, donde se acoge el debate intelectual y cosmopolita sobre la ciencia con dignatarios extranjeros (estos eminentes científicos, como los de Oppenheimer, se afanan por inventar el futuro, antes que Estados Unidos, claro), y un sanctasanctórum de hedonismo sexual desinhibido. Aunque fueron quienes encargaron el instituto, las autoridades y la policía secreta no lo soportan: pronto se convierte en un potente símbolo del auto-odio ruso, venerado, vilipendiado y siempre vigilado.
Junto a intermitentes montajes premonitorios, a veces derivados de la ingente cantidad de material que no pudo incluirse, aparecen ocasionales cuadros abstractos y fantásticos, el más espectacular de ellos en lo que parece ser una prueba nuclear en Siberia. En último término, Dau se revela como una pieza virtuosa e incisiva de cine político, rescatada de la metodología cuestionable que la originó.
Dau es una coproducción entre Alemania, Francia y Suecia, producida por Phenomen Berlin Filmproduktion, Essential Filmproduktion, Parisienne de Production y Plattform Produktion. Sus ventas internacionales corren a cargo de la propia empresa de los productores Ilya Khrzhanovsky y Philippe Bober, IP Filmworks.
(Traducción del inglés)
Galería de fotos 09/09/2026: Venice 2026 - Dau
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© 2026 Fabrizio de Gennaro for Cineuropa - fadege.it, @fadege.it
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