SAN SEBASTIÁN 2026 Competición
Crítica : Los Miserables
por Fabien Lemercier
- Fred Cavayé firma una nueva adaptación de la célebre novela popular de Victor Hugo, con ambiciones actualizadas, a caballo entre el melodrama y el cine de acción

“Os habéis equivocado de camino; son los golpes de bastón los que vuelven feroces a las bestias. A fuerza de querer imponer el orden, acabamos engendrando el caos”. Nadie ignora la dimensión social del célebre clásico de Victor Hugo —al que numerosos cineastas ya se han enfrentado—, al que Fred Cavayé ha decidido acercarse a su vez con un reparto francés de auténtico lujo y los medios necesarios para trasladar a la gran pantalla, a una escala espectacular, un fresco épico, histórico y novelesco que entrelaza a múltiples personajes a lo largo de casi 40 años.
Los miserables, presentada en la competición oficial de la 74.ª edición del Festival de San Sebastián y abierta con una cita (“Del infierno de los pobres está hecho el paraíso de los ricos”) extraída de otra obra del autor, entra fácilmente en resonancia con nuestra época contemporánea, en la que el aumento de las desigualdades ha alcanzado cotas máximas y algunas democracias recuerdan a las monarquías de antaño. Una conexión que va de la mano de la tendencia actual del cine francés a desempolvar adaptaciones de clásicos patrimoniales (Los tres mosqueteros: D’Artagnan, El conde de Montecristo), tratando de borrar al máximo su profundidad histórica y adoptando los códigos de las películas de género. Y es precisamente en esa dirección en la que se ha adentrado Fred Cavayé.
“¿Cinco años de presidio por un pan? ¿A eso lo llamáis justicia?”. Finalmente serán 19 los años que Jean Valjean (interpretado en su juventud por Louis Peres y posteriormente por un Vincent Lindon hierático, con arrebatos a lo Bruce Willis) pasará en prisión en Tolón, después de que su condena inicial se vea prolongada por sus intentos de fuga y otras luchas por sobrevivir. Pero, al salir, se cruza con un sacerdote muy generoso y conoce la redención. Mientras tanto, en Waterloo —es 1815—, el matrimonio Thénardier (Camille Cottin y Benjamin Lavernhe) saquea los cadáveres del campo de batalla. Paralelamente, Javert (Tahar Rahim), repudiado por su madre durante una infancia marcada por la miseria, asciende en la jerarquía policial con el odio en el corazón. Los destinos de todos estos personajes acabarán cruzándose de forma dramática, mientras, años más tarde, Valjean se convierte, bajo una identidad falsa, en propietario de una fábrica y alcalde benevolente de una pequeña ciudad del norte, y la madre soltera Fantine (Noémie Merlant) ha dejado a su pequeña Cosette (Giulia Sagnier, y posteriormente Megan Northam) al cuidado de los Thénardier…
Al encadenar a un ritmo muy sostenido los numerosos episodios de esta vasta epopeya, la película concede un lugar privilegiado a la acción (peleas, seguimientos, fugas, tiroteos, persecuciones, barricadas durante la insurrección parisina de 1832, etc.) y se entrega sin reservas al melodrama y a los arquetipos (el bien y el mal, y la frontera a veces cambiante entre ambos…). Una voluntad manifiesta de dinamizar su rico material literario convirtiéndolo en un “western moderno”, que hace de la película, al mismo tiempo, un espectáculo popular y familiar de gran presupuesto, bastante entretenido, y una elección de lo más extraña para la vitrina competitiva de un festival internacional.
Los miserables ha sido producida por Eskwad y Curiosa Films, y coproducida por TF1 Films Production, Umedia y StudioCanal, que también se encarga de las ventas internacionales.
(Traducción del francés)
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