SAN SEBASTIÁN 2026 New Directors
Crítica: February, Seven Days
por Cristóbal Soage
- El debut de la cineasta germanoucraniana Tatjana Moutchnik retrata con delicadeza y mucha sabiduría el impacto de la invasión rusa sobre Ucrania en una familia

Hace ya más de cuatro años Europa y el mundo entero contenían el aliento al descubrir el inicio de la invasión de Rusia sobre Ucrania. A este tiempo nos traslada February, Seven Days, el debut en el largometraje de la directora germanoucraniana Tatjana Moutchnik, que ha tenido su estreno en la sección New Directors del Festival de San Sebastián.
En concreto la película nos lleva a una ciudad de Alemania en la que se reúnen dos hermanos (Volodymyr Holosniak y Serhii Korshikov) para celebrar el funeral de su madre. Uno de ellos vive en esa ciudad con sus dos hijas y su padre, el otro viaja desde Odesa acompañado por su hijo. El patriarca se empeña en que la familia siga el rito judío del shiva para honrar a su recién fallecida esposa. Nadie en la familia parece tener muy claro cómo funciona el rito, que consiste en dejar de lado durante siete días las rutinas habituales y abrir las puertas del hogar para recibir el consuelo de los allegados.
En este contexto, las tensiones propias de cualquier reencuentro familiar que se precie se hacen evidentes desde el primer segundo. A las rencillas de cualquier familia cuyos miembros no están acostumbrados a pasar mucho tiempo juntos, se suman las tensiones provocadas por la situación de conflicto entre Rusia y Ucrania. El abuelo se aferra a su identidad rusa, esa es la lengua que la familia usa en sus interacciones y al joven ucraniano que viene a visitar a su familia se le corrige constantemente cuando usa su idioma. A pesar de que la situación es lo suficientemente dramática y todos los integrantes de esta familia tienen mucho en lo que pensar, la inminencia de la guerra y el sentimiento de desazón que esto provoca es omnipresente.
El gran logro de February, Seven Days es hacernos partícipes del drama doméstico que vivieron miles de familias en las que las identidades rusa y ucraniana se entrelazan antes, durante y después del estallido final del conflicto. La película transcurre casi íntegramente en el apartamento familiar, algo que hace pensar un poco en la estupenda Sieranevada del rumano Cristi Puiu. Como en esa película, la cotidianidad de la familia, la verdad que transmite el escenario en el que todo transcurre y lo bien ensamblado del reparto nos brindan una sensación de cercanía que nos hace imposible no empatizar y sufrir con la incertidumbre que asola a los protagonistas. Sin ser excesivamente dramática pese a la trascendencia de lo que narra, la película incluso se permite algunos alivios cómicos, que surgen, en gran medida, de la complicidad que transmiten todos los intérpretes.
Para los que tenemos la suerte de solo haber vivido la guerra a través de la televisión, esta película es un excelente vehículo para intentar ponernos en la piel de las personas normales y corrientes que ven su vida partida en dos de la noche a la mañana sin llegar a entender muy bien por qué. Es también un alegato nada panfletario sobre el absurdo de la guerra y lo artificial de los conflictos identitarios.
February, Seven Days es una producción de Wood Water Films, Wega Film, Nephilim Producciones. Las ventas internacionales son responsabilidad de Reason8.
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