SAN SEBASTIÁN 2026 Competición
Crítica: El mal padre
por Alfonso Rivera
- Roberto Bueso retrata las tensas relaciones entre un progenitor ausente y sus hijos, reunidos por el primero en un intento de tardía reconciliación

Hace unos meses se estrenó en España La buena hija, de Júlia de Paz Solvas; en esta misma edición número 74 del Festival de San Sebastián, en la sección New Directors, se ha podido ver El mal hijo, ópera prima del actor Jaime Lorente, y ahora toca fijar la atención en una película de la sección oficial a competición, que ha dirigido Roberto Bueso (La banda, Llenos de gracia), titulada El mal padre. Todas ellas diseccionan las relaciones familiares conflictivas, deficitarias, tensas y más o menos traumáticas.
Con guion del propio Bueso y Óscar Díaz Cruz, El mal padre reúne a un progenitor, Santiago (encarnado por Eduard Fernández), casado en segundas nupcias con Diana (Cristina Plazas), con quien tiene una hija, y sus tres primeros vástagos, de otra madre: Damián, el mayor (Francesco Carril), actor siempre emergente y homosexual; Clara (Meritxell Calvo), fría, arisca y poco permeable a aceptar los errores de papá; y Alberto (Adam Jezierski), el benjamín, que es profesor siguiendo la estela paterna y, en esa misma senda, espera un hijo junto a su pareja, Irene (María Maroto).
Lo que en principio iba a ser una reunión breve se dilata cuando Santiago invita a sus tres hijos mayores a pasar juntos la Navidad en la casa donde vivieron con su desaparecida madre. Pero no serán días de paz, villancicos y armonía, pues saldrán a flote no solo palabras airadas, sino recuerdos enquistados, carencias y reproches. Como en casi todas las familias en fechas similares…
Y es que Bueso ha hecho eso: basándose en personajes perfectamente reconocibles y diálogos a la vez ágiles y amenos, refleja las dinámicas hogareñas dañadas por un padre que no supo estar a la altura y antepuso sus anhelos profesionales a la atención y el cariño por su camada. Algo habitual entre los patriarcas de las últimas décadas, obligados social y educacionalmente a ejercer como capitanes, héroes y seres productivos, de una masculinidad a pruebas de sentimientos y emociones, con el silencio con más presencia en sus vidas que el diálogo, la empatía o el afecto sin barreras.
De este modo, la película –una dramedia donde hay momentos para la sonrisa y que nunca cae en la sensiblería gracias a inteligentes elipsis– va poniendo sobre la pantalla otros asuntos que preocupan al hijo menor (estupendo y medido el trabajo de Jezierski), como su inminente paternidad –algo para lo que ninguna universidad prepara, y más aún en este caso, sin referentes cercanos admirables– o lo que le aterroriza todavía más: llegar a parecerse demasiado a su señor padre.
Así, sin aspavientos y con una puesta en escena sobria, sencilla y a veces un tanto preciosista –que puede recordar al cine de Cesc Gay–, El mal padre va emocionando lentamente, mientras el espectador encuentra algunas conexiones entre su propia vida y lo que ve enfrente: un fresco familiar no especialmente original donde la reconciliación es un intento y posibilidad, algo que no siempre sucede en la vida real.
El mal padre es una cinta de MOD Producciones, MOD Pictures, Misent Producciones y Atresmedia Cine. Sus ventas internacionales corren a cargo de Film Factory, y llegará a los cines españoles el 20 de noviembre, distribuida por Caramel Films.
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